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Una guardia pretoriana para proteger a Maduro

El líder bolivariano pretende resistir la acometida de la oposición rodeado de un círculo de fieles que le asegura el apoyo de los mandos militares y mantiene una imagen de cohesión en las filas del chavismo

  • Nicolás Maduro junto a su esposa y diputada Cilia Flores, en un acto en Caracas en defensa de la revolución bolivariana / Reuters
    Nicolás Maduro junto a su esposa y diputada Cilia Flores, en un acto en Caracas en defensa de la revolución bolivariana / Reuters

Tiempo de lectura 4 min.

10 de febrero de 2019. 04:28h

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Víctor Amaya.  10/2/2019

La revolución bolivariana suele hacer gala de su actuación «monolítica» y uniforme. Pero el chavismo se ha convertido en una federación de facciones amparados por una retórica oficial común, aunque estén más cerca o más lejos del trono del palacio presidencial de Miraflores. A Nicolás Maduro lo rodean unos incondicionales, entre los que destacan civiles como Jorge Rodríguez y los ex militares Diosdado Cabello y Vladimir Padrino.

Una guardia pretoriana para proteger a Maduro

Cilia Flores

Esposa de Nicolás Maduro, es la mujer más poderosa de Venezuela. Fue la abogada que defendió a Hugo Chávez en 1994 cuando estaba preso por haber liderado un golpe de Estado, y formó parte de la asamblea constituyente de 1999. Después se convirtió en diputada de la Asamblea Nacional. Allí llegó a ocupar la presidencia del poder legislativo hasta 2011. De aquella gestión hay una huella que la persigue: el nepotismo. Según el sindicato de trabajadores de la Asamblea Nacional, Flores consiguió trabajo en el Congreso por lo menos a 40 familiares y amigos, incluyendo a su ex esposo. Luego pasó a ser procuradora general. Ahora controla no pocos hilos del poder, por ejemplo en el Tribunal Supremo, donde dicta nombramientos y hasta sentencias, según confirmó el magistrado desertor Christian Zerpa.

Tres de sus sobrinos fueron condenados en Estados Unidos por narcotráfico. Y sus tres hijos, Yoswal, Yosser y Walter Gavidia Flores, están presuntamente implicados en una trama de lavado de 200 millones de dólares que se investiga también en EE UU.

Los hermanos Rodríguez

Actúan siempre en conjunto. Jorge es ministro de Comunicación y Delcy es vicepresidenta. Han sido los encargados de mantener la imagen de la revolución más allá del chavismo. Los portavoces más recurrentes, los otros dos rostros del Gobierno. Su padre fue un emblema de la izquierda venezolana, asesinado por la policía política en los años 60. Ambos mantienen vivo ese recuerdo incluso llegando al extremo de decir que la revolución bolivariana «es nuestra venganza», en palabras de Delcy. Ella fue ministra del despacho de Chávez y con Maduro lo ha sido de Información y de Exteriores, antes de asumir la presidencia de la asamblea constituyente que comenzó a funcionar en 2017. De allí saltó a la vicepresidencia ejecutiva. Es uno de los funcionarios sancionados por EE UU y la Unión Europea por atentar contra la democracia. Su hermano fue durante casi una década alcalde de Caracas, cuando defendía que la oposición no podía manifestarse en ese «territorio liberado y chavista». Antes fue vicepresidente de Hugo Chávez y dirigió también el Consejo Nacional Electoral que organizó las elecciones que dieron el segundo mandato al líder bolivariano. Ha sido el encargado de organizar la estrategia electoral del chavismo en la última década. También está sancionado por Estados Unidos.

Elvis Amoroso

Actual procurador general, viene de ser diputado por el partido oficial y más recientemente consultor jurídico de Miraflores. Es el encargado de diseñar los argumentos jurídicos que conforman la acción de Gobierno. De sus manos salió, según fuentes judiciales, la sentencia dictada por el Tribunal Supremo que anuló al parlamento nacional.

Vladimir Padrino

Quizá la figura más importante del entorno de Maduro, el pilar que lo sostiene. Graduado de la Academia Militar en 1984, forma parte de la promoción que acompañó el golpe de Estado liderado por Chávez en 1992. Se formó en operaciones psicológicas en la Escuela de las Américas, de Estados Unidos, en 1995. Es ministro de Defensa desde 2014. Desde entonces, los militares han creado catorece empresas en áreas clave como agroindustria, transporte y minería. Hasta 2017 también encabezó el Comando Estratégico Operacional, y a su salida del cargo fue sancionado por países como Estados Unidos, Canadá y otras naciones por violación de los derechos humanos. Sus compañeros le tienen respeto y se afirma que su figura brinda el liderazgo que Maduro no consigue en los cuarteles. Gracias a él, los soldados se mantienen fieles al gobernante. A Padrino se le tenía como «institucional» hasta que comenzó a decir que la Fuerza Armada es chavista y aprobó una resolución que permite el control de manifestaciones públicas con armas de fuego, un delito penado por el derecho internacional.

Tareck El Aissami

Es el hombre del capital. Viceministro de Economía, tiene relaciones con fondos buitres e inversores de mala fama, como el mexicano David Martínez. Empresarios nacionales lo reconocen como hábil en los negocios, y ha estado en la misma mesa que los grandes capitales venezolanos. Fue ministro de Interior y luego gobernador de Aragua, y durante un tiempo se le consideró la figura para suceder a Maduro al frente de la revolución. Hasta que fue acusado de narcotráfico en Estados Unidos. A ello se le suman sus supuestas relaciones con grupos terroristas como Hezbolá y el Estado Islámico.

Diosdado Cabello

Se le considera el segundo hombre fuerte del chavismo, desde que Hugo Chávez lo tuviera de vicepresidente hace década y media. Se dice que Cabello intentó ser el sucesor de Chávez, si bien los cubanos apostaron por Maduro. Militar alzado en 1992, es el jefe del partido oficialista. Preside la asamblea constituyente, como antes lo hizo con el parlamento nacional, cuando impuso magistrados chavistas en el Supremo. Se jacta de su ascendencia en los cuarteles. Su verbo es combativo y su imagen, temida. Se le acusa de haber construido una red de testaferros, ahora todos millonarios, y de participar en redes de narcotráfico. Él lo niega.

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