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Aitana: «A veces me caigo mal, me veo repelente e hipócrita»

«Lo que podría hacer que dejara de ser feliz es la falsedad, no ser como soy, no reconocer a la gente que me rodea»

  • Aitana
    Aitana

Tiempo de lectura 8 min.

24 de agosto de 2018. 06:21h

Comentada
Por Raúl Salgado/ Foto: Alberto R. Roldán.  23/8/2018

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Antaño «triunfita» y ahora triunfadora, Aitana es la espontaneidad en persona. No tiene pelos en la lengua. Y como habla a la velocidad de la luz, sin interruptores ni interrupciones, algunas de sus respuestas cortocircuitan. Y es que ella tiene chispa. Dice y se desdice, contesta y se corrige. He aquí un sí, pero no; un no, bueno sí; una niña que todavía no es mujer, y que a sus 19 años ha hecho una llamada por «Teléfono» –el título del single– para que la gente confíe en sí misma. La canción, producida, grabada y mezclada en Los Ángeles, habla de la importancia del más hondo e infalible de los amores –el propio– para salir a flote y no hundirse tras una ruptura sentimental. Aunque ella, más madura de lo que le correspondería a su edad, asegura que la quieren más de lo que se quiere. Es una montaña rusa de sentimientos, un tiovivo de emociones, una joven que sueña con seguir siendo cantante de mayor y que «Arde» con la falta de libertad. «Lo malo» de Aitana es que siempre ha querido estar con todo el mundo en paz. Y, sin embargo, terminó triunfando con Guerra (Ana). Pues bien, tras su salida de la Academia –en la que logró el segundo puesto– y el éxito que cosechó junto a su íntima compañera, ha comenzado su carrera en solitario con valentía, desparpajo, pop latino y mucha energía.

¿Dónde ha dejado su teléfono?

Aquí, a mi lado, pero no estoy tan obsesionada... Bueno sí, la verdad es que estoy claramente enganchada.

¿A qué suena?

Tiene un tono predeterminado de iPhone (risas).

¿Y el single?

A verano, a pop latino. De todas formas, no voy a ponerle un estilo concreto porque nunca he creído en las etiquetas.

¿Quién es la persona que más la llama?

Mis padres, aunque en realidad les llamo yo todas las noches. No podría vivir sin ellos, ni sin mis mejores amigos.

¿A quién tiene ganas de olvidar?

A nadie. Lo que quiero decir en la canción es que cuando se rompe una relación hay que olvidar todos los sentimientos porque, si no, siguen haciendo daño. Eso no significa que haya que olvidar a esa persona, puesto que al fin y al cabo ha marcado algo en tu vida.

¿Habla desde su experiencia?

Más desde las ajenas. Yo he vivido esa situación, pero no quiero que se fijen en esa persona porque la canción no va dirigida a ella.

¿Antes con qué soñaba?

Simplemente con ser feliz.

¿Y lo es?

¡Claro! Lo que pasa es que cuando tu vida cambia tanto hay que saber administrarse y organizarse. Para mí la felicidad es sonreír, sentirme bien conmigo misma y, sobre todo, ver a mi familia feliz.

¿Usted qué quiere ser de mayor?

Cantante (risas). Aunque cuando era pequeña le decía a mi madre que quería ser «peluquerista».

Tiene 19 años. ¿Y por dentro?

En el amor, 19. En la vida, no lo sé. A veces me dicen que soy más madura de lo que parezco.

Fue la concursante con más apoyos en las redes... ¿sociales o antisociales?

La gente me conoce gracias a ellas. A mí me han dado mucha visibilidad.

¿Y qué le han quitado?

(Piensa) Nada.

Pero al estar siempre online, al menos le robarán tiempo...

Sí, es verdad. Además, muchas veces veo por ver, y eso sí es perder el tiempo.

¿Con qué «Arde»?

Con la falta de libertad. Lo que podría hacer que dejara de ser feliz es la falsedad, no ser como soy, no reconocer a la gente que me rodea...

¿Y cómo se apaga?

No sé... A veces no me apago. Le doy más vueltas a las cosas que un tiovivo. Soy una cabezona.

¿Qué es lo malo de Aitana?

Que siempre he querido estar en paz con todo el mundo.

Pues ha terminado con Guerra (Ana)...

(Risas) Es verdad.

¿Se conoce más de lo que la conocen?

No, me conozco poco. Es triste decirlo, pero tengo que empezar a experimentar conmigo misma.

¿Qué pensaría de Aitana si no fuera Aitana?

A veces me caigo mal, me veo repelente e hipócrita. Otras, me caigo bien, porque soy buena persona. Eso sí, soy bastante espontánea. Digo cosas que me llevan a pensar que la he liado parda.

¿La quieren más de lo que se quiere?

Sí. Es que me quieren muchísimo. Sobre todo, mis padres.

¿Es la persona que siempre deseó ser?

Nunca he sabido quién quería ser.

¿Usted se controla?

En ocasiones me resulto repetitiva y pesada. De lo que no hay ninguna duda es de que soy bastante espontánea al decir lo que creo en cada momento. Incluso a veces termino de hacer algún comentario y pienso: la acabo de liar parda.

¿Nunca miente?

No, bueno, sí... Pero es que hay mentiras piadosas. En cualquier caso, no apoyo la mentira. Hay que ir siempre con la verdad por delante para no tener cargos de conciencia.

¿La Academia la ha transformado?

Sí, ha cambiado mi visión y me ha hecho madurar. He aprendido a quererme, a respetarme y a respetar a los demás, sin envidias. Pero sigo siendo una niña, todavía no soy una mujer.

¿Cómo se saborea un segundo puesto?

Muy bien. Jamás pensé que quedaría quinta, ni décima. De hecho, no pensaba ni siquiera que iba a pasar el casting.

Mire Bisbal, quedó segundo y ha terminado siendo el participante de mayor reconocimiento...

Es verdad, pero no me gusta compararme.

¿Le atrae la fama?

Sí, aunque no que la gente no diga lo que piensa por el miedo al qué dirán. No hay que ir de perfecto cuando no se es. Ni debemos ir de inalcanzables, porque no lo somos.

¿Teme al éxito?

Un poco, sí, a no saber por dónde pueden salir los tiros.

Este single lo anunció con un chiste. ¿Nos cuenta otro?

«Papá, que mamá se va a tirar por el balcón. Déjala, hijo, que le gusta mucho la calle». Es malísimo, lo sé.

Bueno, al menos es corto. ¿Se considera graciosa?

No. De hecho, soy más graciosa cuando no quiero serlo. Noto muy rápido cuando alguien quiere ir de gracioso, y eso es lo que menos gracia me hace.

¿Con qué político le gustaría hacer un dúo?

Con todos, un coro (risas). No, en serio; de lo que menos sé en este mundo, por suerte o desgracia, es de política.

¿QUÉ LLEVA EN LA MALETA?

Aitana vive ahora a un ritmo tan frenético que su maleta se ha convertido en su armario, lo que la agobia. Nunca olvida

–si no, se pone histérica– la plancha para alisar su flequillo, al que debe dar forma para ver, siempre al ras de sus cejas. Y eso, confiesa, sería otro de los motivos por los que se caería mal. Así es ella.

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