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¿Alguien puede viajar más rápido que su sombra?

El científico Michael Stevens propuso un curioso juego para intentar responder a esta pregunta

  • ¿Alguien puede viajar más rápido que su sombra?

Tiempo de lectura 4 min.

17 de agosto de 2018. 06:41h

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Jorge Alcalde 17/8/2018

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Sabemos que nada puede viajar más rápido que la luz. Pero ¿qué podemos decir de las sombras? Un gran divulgador científico llamado Michael Stevens creó en 2014 un curioso juego mental para explicar a qué velocidad viaja una sombra. Sabemos que pueden ser más grandes que el objeto que las proyecta. Si proyectamos la de nuestra mano en la pared la sombra se hará más grande cuanto más acerquemos la mano al punto de luz. Si movemos la mano veremos que

se mueve instantáneamente. Si desplazamos un dedo solo un centímetro, la sombra (que es más grande) recorrerá más espacio: pongamos dos centímetros. Es decir, ha recorrido más espacio en el mismo tiempo, luego ha sido más veloz. ¿Quiere eso decir que si la mano se mueve a la velocidad de la luz, la sombra irá más deprisa? ¿No habíamos quedado en que viajar más rápido que la luz es imposible?. Imaginemos que somos capaces de proyectar la sombra de un dedo sobre la luna. Desde la Tierra la luz llega a la Luna a su velocidad constante e ilumina nuestro dedo a la misma velocidad. Si movemos el dedo dos centímetros la luz se desplaza esa distancia, pero la sombra se habrá desplazado miles de kilómetros en la Luna en el mismo tiempo. ¿No es eso imposible? En realidad, sí. Stevens usó este ingenioso juego para demostrar que lo que no puede viajar más rápido que la luz es la información, las partículas que portan alguna característica como la masa, los objetos, las naves espaciales... Pero la sombra es ausencia de información. Es, en realidad, nada.

¿O es algo? Porque, las sombras ¿pesan? Sabemos que la luz sí que lo hace. En la superficie de la Tierra, cada parche de 6 centímetros cuadrados recibe un empuje de los rayos de sol equivalente a media milmillonésima de kilo. Aplicado a los más o menos dos metros cuadrados de piel de nuestro organismo, el dato significa que un día soleado podemos pesar 0,000003 kilos más que uno nublado por culpa del «peso» de la luz. Tanto pesa la luz que puede arruinar una misión espacial. Para enviar una nave a Marte, por ejemplo, los ingenieros tienen que calcular la desviación producida por el impacto de los rayos solares sobre ella. Cuando la luz rebota en el fuselaje la nave puede llegar a variar el rumbo en 1.000 kilómetros: suficiente para no acertar en su objetivo. De manera que si estamos de pie en la playa recibiendo gustosamente un baño de sol, nuestro cuerpo pesará un poco más; el suelo que nos rodea, también. Pero el área que cubre nuestra sombra y que no recibe la presión de los rayos pesa algo menos que el resto. ¿Cuánto menos? El cálculo arroja una cantidad ridícula. Haría falta la sombra unificada de varios millones de seres humanos para obtener el equivalente a medio kilo de peso.

¿Cómo podemos hacernos una idea de lo rápido que vuela la luz?

La luz tarda 1,3 segundos en llegar de la Tierra a la Luna. Desde la estrella más cercana a la Tierra, un rayo de luz tardaría 4,5 años en ser visto por un telescopio en nuestro planeta. Un fotón tardaría 100.000 años en recorrer por completo la Vía Láctea. La luz del Sol nos llega 8 minutos después de ser emitida. Si un faro en Plutón emitiese un destello no lo veríamos hasta 4,5 horas después. Las ondas de radio viajan a la velocidad de la luz, por eso, si quisiéramos hablar con un astronauta en Marte nuestras voces tendrían un retardo mínimo de 9 minutos y uno máximo de casi 25. La luz solar penetra hasta 72 metros en el océano.

¿Alguien puede viajar más rápido que su sombra?

¿El universo crece «demasiado» rápido?

Justo después del Big Bang el universo experimentó un crecimiento monstruoso. En menos de una trillonésima de trillonésima de segundo tuvo lugar un fenómeno que los científicos conocen como inflación. Durante él, el tamaño del cosmos se dobló una y otra vez. Al final del proceso inflacionario, el espacio era aún más pequeño que un coche utilitario pero para llegar a ese tamaño en tan poco tiempo, las partes más periféricas de ese minicosmos deberían haber viajado más rápido que a luz. Y eso, en teoría, es imposible.¿Qué ocurrió entonces? ¿Fue esa la única vez que algo pudo viajar más deprisa que la luz? En realidad la respuesta es más sencilla.

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