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martes 13 noviembre 2018
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Anotaciones finales

Tiempo de lectura 2 min.

02 de abril de 2018. 20:28h

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Anotaciones finales sobre una magnífica Semana Santa, que finalizó de forma brillantísima con la Hermandad del Resucitado. Me acerqué a la puerta de Monte-Sión sobre las diez de la mañana a ver el luminoso paso del Señor Resucitado. Saludo emocionante entre las dos cofradías, con el fondo poderosísimo de la música de la Agrupación Virgen de los Reyes. Más tarde, la Señora de la Aurora mostraba su rostro bello y, ya sin lágrimas, disfruté acompañando a los titulares hasta una Campana abarrotada de público que aplaudió sin parar el paso de la hermandad. Me hace feliz ver cómo el cambio de horario y mantener la carrera oficial montada han situado a la cofradía como un broche final de alta calidad para la mejor semana del año. Ahora hay que llenarse de optimismo y en vez de caer en la melancolía más decadente al ver en la pizarra de cualquier taberna «faltan 370 días para el Domingo de Ramos», acogerse al más agradable «falta un día menos para la Semana Santa de 2019». No he empezado mal la espera. Me había jugado con un amigo una cena. La apuesta era por mi parte que todas las cofradías harían su estación de penitencia, dejando claro que no negaba posibles lluvias, pero que las mismas no dejarían a nadie en sus iglesias de culto. No era ni por dotes adivinatorias, ni por poseer un conocimiento especial de las isobaras, sino por algo tan primitivo como el tremendo deseo de que esto pasara. El Domingo de Resurrección dejaba claro que Sevilla entre las dos grandes fiestas –la Semana Santa y la Feria, entre la primavera perfumada de azahar y el Corpus– es reina indiscutible. Ministros, grandes personajes, premios Nobel, sociedad madrileña, vasca, incluso catalana, llenaban los restaurantes y bajaban por el Paseo Colón hasta la Real Maestranza, que inauguraba temporada con el anhelado cartel de «No hay billetes». A la salida, como si no hubiera un mañana, el público volvía a tomar restaurantes y bares. En fin, todo esto es bueno porque hay alegría, se gasta dinero, hay más oportunidades de trabajar y mantener a los suyos, así que por mí, que continúe la fiesta.

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