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Diccionario de siglas

Hace sólo 20 años todos reteníamos en la memoria, al menos, 20 números de teléfonos

  • En los colegios se recitaban de memoria la lista de los Reyes Godos / Foto: La Razón
    En los colegios se recitaban de memoria la lista de los Reyes Godos / Foto: La Razón

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20 de febrero de 2019. 17:20h

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Estaba leyendo un dominical, de pronto paré, me apunté una serie de siglas y me fui a la tablet para encontrar los significados. Nos encontramos en un momento de la vida en el que estamos vaciando nuestros archivos cerebrales y depositamos en máquinas todos estos conocimientos adquiridos a través de la vida. Esto no se trata de una cuestión de edad, como podría ser mi caso. Hace sólo 20 años todos reteníamos en la memoria, al menos, 20 números de teléfonos de los familiares y amigos más cercanos. Hoy los jóvenes no memorizan, dan a una tecla, igualmente en muchas otras cuestiones. Para no caer en pesimismo, les voy a contar una anécdota, donde la cabeza también te podía fallar. En mi infancia una de las pruebas de fuego, que se hacían en los colegios, era recitar de memoria la lista de los 33 Reyes Godos. Recuerdo esa especie de torneos del saber que se realizaban en el pequeño teatro del centro, todas las butacas llenas , profesorado con el director a la cabeza, los alumnos y la mayoría de los padres de los mismos. Al llegar mi desafío, me tocó justamente la famosa lista, me llené de alegría, era capaz de decirla 10 veces seguida sin posible error. Para colmo de la dicha, mi rival era de los peores estudiantes. Pasaba por falto de capacidad para memorizar, Antonio H. –con el tiempo , se convirtió en un estupendo empresario y consiguió un alto nivel económico– con lo que estaba seguro de que fallaría, así fue, comenzó titubeante: Ataulfo, Sigerico, Walia. Con el tercer rey, se quedó mudo y mientras pasaba el tiempo establecido, yo me regodeaba interiormente, ganaría el punto y haría ganar a mi equipo, hasta ese momento empatados. Apenas oí aquello de turno para Enrique, lleno de orgullo dándome por vencedor, con llegar a Teodoredo, el punto era mío. Avancé desde mi asiento hacia el centro del escenario como si fuese a cantar el aria de Turandot .Grité: ¡Ataulfo Argenta! Las risas fueron instantáneas, la seguridad me había jugado una mala pasada, dije el nombre completo del mejor director de orquesta de España en esos momentos, que además era personaje muy conocido, esta anécdota viene a cuento del tema del comienzo. hemos convertido el lenguaje en un montón de siglas .

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