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martes 18 diciembre 2018
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Sin pisar la Feria

Tiempo de lectura 2 min.

16 de abril de 2018. 20:59h

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A estas alturas de abril, por primera vez en décadas, todavía no he pisado la Feria. Lo cierto es que llevo varios años que reduzco a tres días, máximo cuatro, mis visitas al ferial. Hay diferentes causas. La primera, y principal, mi tropezón con la salud, del que se van a cumplir tres años. Afortunadamente todo tuvo remedio, pero eso sí, con una serie de recomendaciones que afectan sobre todo a la comida y la bebida, temas de mucho peso en la vida del feriante. Desde hace todavía más años la noche empezó a no gustarme. Hay una diferencia de público y comportamientos entre el sol y la luna. De noche, si vas con personas conocidas recorriendo las casetas, te puedes ver en situaciones desagradables. Sin contar que yo me doy a estas alturas un día de Feria de esos de terminar al amanecer tomándote los calentitos con chocolate y, directamente marcho al Sagrado Corazón, donde tengo a mis médicos habituales. Sin duda, en muchas casetas la comida es mejor que nunca. Algo parecido pasa en las bebidas, pero echo de menos ese arte espontáneo de un artista que visitaba a sus amigos y regalaba un cante y un baile estupendo. Además, la gente particular se arrancaba mucho más. Las sevillanas estaban en cualquier momento, bailadas con esa especial gracia que esta tierra tiene. La animación está en manos de los grupos de rumbitas y repertorio similar, muchos con gran calidad, pero que el segundo día y a la segunda copa te suenan todos igual. Además, se produce el síndrome de los actuales tablaos, que tienen dos funciones. En las casetas pasa que los grupos tienen varios sitios donde actuar, con lo cual el horario está prefijado. Los amigos que tan generosamente te acogen tendrían que hacer algo parecido a las informaciones del recorrido de las hermandades y sus horarios. Como ven estoy muy «desaborío», pero estoy seguro de que esto se cura con un buen día de sol y contemplando el paseo de caballos, carruajes y ese multicolor desfile de mujeres con sus trajes de gitanas, el más bello espectáculo del mundo.

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