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Todo se ha consumado

  • El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez / Foto: Manuel Olmedo
    El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez / Foto: Manuel Olmedo

Tiempo de lectura 2 min.

13 de febrero de 2019. 20:40h

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Como era de esperar todo se ha consumado. Los presupuestos han sido devueltos –nada menos que 33 votos de diferencia–, dejando a Sánchez y a su Gobierno a los pies de los caballos. Afortunadamente, entre estos equinos no está el del general Pavía. A estas alturas de la democracia en España, todos sabemos que los grandes partidos que han gobernado el país siempre han estado en contra de los presupuestos que ha presentado el Gobierno de turno. Se trata de la ley que vertebra un Gobierno, por tanto, la «leal oposición», que tiene como principal objetivo gobernar, siempre estará en contra de los Presupuestos; y si son buenos, más. Los independentistas catalanes, piensan, y no le faltan razones, que cuanto peor, mejor para sus intereses. Si se convocan elecciones próximamente, como ya se ha dicho, lo más probable es que se suspenda el juicio a los dirigentes del «procés». Sería poco razonable mezclar una dura campaña electoral con semejante juicio. Esto de tener presos, según ellos políticos, da alas a su victimismo internacional. Muchos pensarán que no quieren libres a sus compañeros de ideas de conseguir la república catalana. Pero para conseguir su pretendida libertad, mejor presos y presas. A lo largo de la historia de la humanidad los héroes muertos siempre han sido más rentables. Vivos pueden resultar muy incómodos y caros. En cuanto al espantajo del PSOE, del «cuidado que viene la derecha», recordarán que en la primera victoria electoral, muy ajustada, de Aznar se pasó del «Pujol, enano, habla en castellano» al hablar en catalán en las cenas madrileñas. Bastó que Pujol dijera que ningún joven catalán haría el servicio militar para que fuese derogado. Algo similar sucedió con la policía autonómica. Quién dijo miedo, pensarán. Sánchez se lo ha buscado. En teoría es nuevamente un cadáver político. Por lo tanto, lo que corresponde es que su propio partido le dé un decoroso entierro, siempre político, y esta vez sin resurrecciones posibles.

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