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El porqué de las huelgas de lactancia

Si el bebé rechaza el pecho habrá que buscar el porqué. Puede deberse múltiples factores como una otitis, la salida de un diente o a una lesión en la boca (afta)

  • Ante cualquier sospecha de que la succión al pecho puede resultarle molesta se debe acudir al pediatra para que revise al lactante y valorar si existe algún problema y en consecuencia prescribir el tratamiento oportuno
    Ante cualquier sospecha de que la succión al pecho puede resultarle molesta se debe acudir al pediatra para que revise al lactante y valorar si existe algún problema y en consecuencia prescribir el tratamiento oportuno /

    La Razón

Valencia.

Tiempo de lectura 4 min.

05 de julio de 2019. 19:53h

Comentada
Cintia Borja,  Enfermera, consultora lactancia materna certificada IBCLC.  Valencia. 6/7/2019

Hace tres semanas hablamos de crisis de crecimiento, en especial la de los tres meses. Esta semana hablaremos de la «huelga de lactancia» una situación en la que, sin motivo aparente de repente el bebé rechaza el pecho. Conducta que hace dudar a la madre si la lactancia ha llegado a su fin.

La sospecha es errónea, ya que es rarísimo que un lactante que toma leche materna se destete repentinamente de forma natural por decisión propia antes del año de edad. El destete natural y espontáneo no inducido por la madre, es decir, el que se produce por parte del bebé es gradual, nunca inesperadamente. Por lo tanto, si el bebé rechaza el pecho, habrá que buscar el porqué. Ningún mamífero deja de tomar su principal alimento de repente, y la leche materna es el principal alimento del bebé en su primer año de su vida. Lo primero que hay que hacer es descubrir cuál es el problema y solventarlo para continuar ambos disfrutando de la lactancia. Un lactante puede rechazar mamar de un pecho o de los dos, porque le esté ocasionado molestias. El succionar del pecho puede incrementar un dolor de oído debido a una otitis, siendo el motivo por el cual no quiere comer, o, también puede dificultar el agarre al pecho y ser la razón por la que se niega a mamar, una lesión en su boca (afta) o incluso la salida de algún diente. Por consiguiente, ante cualquier sospecha de que la succión al pecho puede resultarle molesta, mi recomendación es acudir al pediatra para que revise al lactante y valorar si existe algún problema y en consecuencia prescribir el tratamiento oportuno, que permitirá a su vez al lactante continuar alimentándose al pecho. Los mocos son otro inconveniente por lo que un lactante declina amamantar. Un lactante respira y mama a la vez, de modo que su nariz congestionada dificulta su respiración mientras succiona del pecho, siendo una de las principales causas por las que rechaza el pecho. En estos casos le ayudará si antes de la toma, despejas las vías respiratorias con un lavado nasal con suero fisiológico para limpiar de mocos su nariz. Como el lactante no sabe sonarse la nariz y el suero fisiológico viene a ser para el bebé el equivalente a los pañuelos para los adultos, puedes utilizarlo las veces que sea necesario. A la vez, en el caso de mocos es muy recomendable que continúe mamando con frecuencia, puesto que, la leche materna ayuda a fluidificar los incómodos mocos. Además, una posición adecuada del bebé al pecho como la postura de «caballito» o vertical, en la que el bebé está sentado a horcajadas sobre una de las piernas de su madre, contribuye a que respire mejor durante la toma cuando está congestionado. En otros casos, la introducción rápida de la alimentación complementaria puede desencadenar una «huelga» de lactancia. A partir de los seis meses y hasta el año de edad la leche debe seguir siendo su principal alimento. Si se le ofrece demasiada cantidad de alimentos, puede suceder que algunos lactantes prefieran comer y rechacen el pecho destetándose precozmente.

Otra posible razón son las situaciones estresantes tanto en la madre como en el lactante. En este sentido destacar algunas circunstancias frecuentes como la reincorporación de la madre al trabajo, un cambio de domicilio, un viaje inesperado...En definitiva una gama de situaciones que causan cambios en la rutina del bebé, nada raro puesto que también estas circunstancias perturban a los adultos produciendo en ocasiones cierta inapetencia, nada extraño por lo tanto, que al lactante la situación le produzca desgana. Van a ser circunstancias pasajeras que remitirán en unos días con una dosis de paciencia y tranquilidad. Un cambio de sabor en la leche es otra de las posibles causas que pueden desencadenar que el bebé rechace el pecho. Aunque se trata de un ser pequeño, es capaz de notar pequeñas variaciones de sabor y en consecuencia rechazar comer. Un ejemplo de estas son la primera menstruación de la madre, un nuevo embarazo o incluso una mastitis, En estos casos la leche cambia de sabor, se vuelva más salada, lo cual no gusta a algunos bebés. Igualmente determinados alimentos o medicamentos que la madre puede estar tomando, pueden alterar el sabor de la leche, o incluso un olor nuevo en la piel de su madre por un desodorante, gel, perfume, etc, puede hacer que el lactante rehusé mamar. En conclusión un abanico de posibilidades que pueden desencadenar en una «huelga» de lactancia del bebé, que no sabe hablar, y negándose a mamar nos da a entender que algo va mal o no le está gustando. Por lo que, no queda más remedio que investigar, descubrir la causa para superar este momento tan angustioso. Mantener la calma con alta dosis de paciencia, siendo perseverante, ya que esto no significa el fin de la lactancia, sino un problema pasajero que en el caso de que tengas la sospecha de que se trata de un problema médico (infección de oído, garganta, aftas...) deberás acudir al pediatra para que evalué al bebé y prescriba el tratamiento adecuado. En otras ocasiones bastará con hacer mucho contacto con el bebé, amamantando en un lugar tranquilo, sin distracciones y sin esperar a que el bebé pida por hambre... y como ya te indiqué, tener una alta dosis de serenidad, confiando que en poco tiempo todo volverá a la normalidad. Las «huelgas» de lactancia suelen durar 4-6 días. No merece la pena tirar por la borda el único alimento que contiene «todos» los nutrientes, además de la exclusiva patente de contener sustancias que refuerzan su sistema inmunitario, a la vez, de llevar implícito todo el cariño de mamá.

Pueden enviar sus preguntas a consultalactancia@larazon.es

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