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Manuela recupera el rumbo

Tiempo de lectura 2 min.

29 de marzo de 2017. 04:25h

Comentada
Fermín Cabal*.  29/3/2017

Manuela Carmena se presentó en las últimas elecciones municipales encabezando un proyecto radicalmente transformador que ilusionó a más de medio millón de votantes, si no recuerdo mal, y que despertó la curiosidad, la esperanza o la preocupación de muchos otros. Un proyecto en el que la cultura tendría que ocupar un lugar importante. ¿Cómo puede cambiarse la sociedad sin cambiar la cultura? Prometió transparencia, prometió participación, prometió un acercamiento más equitativo y un aprovechamiento más sensato de los recursos. Pero aunque el espíritu está pronto, la carne es débil. Inexperiencia, utopismo y cierta insolencia juvenil en muchos de sus colaboradores, son factores, supongo que casi inevitables, que han arrojado a la barca de Carmena contra los escollos de la vida cotidiana (plagio descaradamente a Maiakovsky al que la alcaldesa, estoy seguro, ha leído en su juventud) y la barca está a punto de zozobrar.

Por ello Manuela reclama el timón y con buen criterio se dispone a recuperar el rumbo. Ojalá sea así. Madrid reclama a gritos una política de apoyo a la cultura desde hace años, que la aproxime a las grandes ciudades europeas. Porque la cultura en Madrid ha estado abandonada hasta extremos dolorosos tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento. En primer lugar necesita financiación, recursos, y una administración sensata de los mismos. En segundo lugar, necesita participación de los profesionales, que son quienes mejor conocen las limitaciones y las necesidades del sector. Y en tercer lugar, necesita atreverse a acabar con la burocratización y la incompetencia crónicas de la gestión cultural municipal: el modelo cultural español, que repite el modelo general de la sociedad (todo para unos pocos privilegiados, amiguetes o clientes y nada para la inmensa mayoría), es un modelo ineficiente e injusto, que dilapida el talento y los recursos. Y por ultimo necesita equipo. Un equipo que actúe con transparencia, que actúe a través de licitaciones públicas sin trampa ni cartón, que deje atrás los concursos amañados, que premie el talento y no la proximidad, y que se atreva a acabar con programas bochornosos, como Madrid Destino, donde se ningunea al artista ofreciéndole mendrugos como si fuera un Lázaro, a los pies de Epulón.

*Dramaturgo y guionista de cine

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