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Tortuoso paseo por la Gran Vía

El centro de la capital abre la temporada estival de turismo con su arteria central vallada por las obras de ampliación de las aceras y cubierta por una «alfombra de top manta». Transitar la calle es cada vez más difícil.

  • Fotos: Cipriano Pastrano
    Fotos: Cipriano Pastrano
Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

10 de junio de 2018. 01:33h

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Marilyn dos Santos.  Madrid. 10/6/2018

Si miran a su derecha, podrán admirar las últimas tendencias en lonas de construcción del color de la ciudad que persigue con tanto ahínco el Ejecutivo municipal; si ojean a trasluz o aprovechando alguno de sus pequeños rotos verán que, entre tubos y ladrillos, hay quien ha encontrado una nueva y muy ingeniosa utilidad para los socavones que lucen nuestras aceras, pues hacen las veces de vertederos improvisados. Agradecerán que el paseo sea a la sombra de estas torres de palés, hace unos años otros no tuvieron tanta suerte y recorrieron la ciudad bajo el sol abrasador de Madrid. A los amantes del arte les recomiendo encarecidamente que busquen entre los pedestales sobre los que se levanta el vallado de las obras alguna que otra joya de los que han encontrado aquí un lienzo en blanco sobre los que expresarse –no sean duros con sus críticas, están todos empezando en esto de la pintura callejera–. ¡Pero no se distraigan, podrían pisar un bolso o unas deportivas si pierden la atención sobre la calzada!

¿Se imaginan una visita guiada por la capital así? A todo pulmón para tratar de ganarle la partida al rugido de las excavadoras arañando las entrañas de la Gran Vía. Sorteando la hilera de mantas que, día tras día, cubren la arteria mayor de la ciudad como si de una gran alfombra blanca se tratara. Ambientada por una suave nube de polvo que no deja de darle a las fotografías de recuerdo un toque enigmático único. La escena, aunque ficticia, está más cerca de producirse que de ocupar las páginas de alguna comedia actual. De hecho, las escenas de alto riesgo ya son una realidad en el corazón de Madrid. Y ahora, si tienen la paciencia suficiente para esperar unos minutos, serán ustedes testigos directos de un momento de película –continuaría la guía sin descansar ni un instante el brazo con el que sujeta firme un paraguas blanco como seña para el grupo–. De pronto, la estampida. Una decena de hombres recoge en el tiempo que el resto de transeúntes pestañea las grandes mercancías que unos segundas atrás revestía las aceras de la Gran Vía. Se echan a la carretera, entre los coches en marcha, sobre los peatones que pasean, parando el tráfico con sus propios cuerpos. Y desaparecen sin dejar rastro. Sólo algún cliente desorientado al que no le ha dado tiempo de guardar la cartera ante la espectacularidad de la secuencia y más de un testigo sobresaltado por la huida y, claro, un coche de la Policía municipal aparcado en el punto justo.

«Se está cometiendo un delito en nuestras calles a diario», afirma crudamente Verónica Bartual, la gerente de la asociación de los comerciantes Apreca, que integran el Área Comercial Peatonal de Preciados, Carmen, Sol y Arenal. Un organismo que lleva años luchando contra una realidad social que, advierte Verónica, «además de constituir una actividad ilegal, supone un peligro para la seguridad, de los peatones, de los conductores y, también, de los propios manteros». Porque no sólo dificultan el tránsito en la vía, sino que cuando se producen las desbandadas a la que los agentes de Policía se dejan ver por la zona, arrollan a las personas que circulan por la calle: «Conozco a una persona que ha pasado meses lesionada, viviendo con un collarín mucho tiempo por esta razón», narra la gerente de Apreca, recordando también que estas huidas repentinas son una causa potencial de accidentes de tráfico. «¿Y si por alguna razón hubiera que poner en marcha un plan de evacuación allí donde se colocan ellos?», lanza al aire Verónica; y es que, el «top manta» tiende a colocarse a la salida de aquellas tiendas con más afluencia, a la caza del consumidor despistado.

Tortuoso paseo por la Gran Vía

Que la venta ambulante ilegal no es una novedad lo sabe todo el mundo, sin embargo, los comerciantes de la zona Centro de Madrid vienen notando en los últimos años un tendencia creciente en el fenómeno que, según argumenta su gerente, se debe a que «ellos mismos no ven consecuencias a sus actos». Una cuestión que, unida a las obras de ampliación de la Gran Vía, ha convertido una de las zonas más emblemáticas de la capital en una auténtica caricatura. Los trabajos fueron puestos en marcha el pasado mes de abril con el objetivo –dice el Ayuntamiento– de otorgarle un mayor protagonismo al peatón y a la bicicleta en las calles y, al mismo tiempo, mejorar la calidad del aire que respiramos. Sin embargo, la situación ha despertado la duda: ¿servirán las aceras más anchas para que los manteros puedan colocarse «en doble fila» en la Gran Vía? Hace unos días era Ignacio Aguado el que se lo preguntaba a través de su cuenta de Twitter, pero, después del portavoz de Ciudadanos en la Comunidad, son los asociados de Apreca y los propios usuarios de la vía los que esperan que el resultado del lavado de cara de la Gran Vía «no sea para que los manteros ganen más espacio».

Verónica Bartual insiste en que, aunque no ha habido reuniones concretas con el equipo de Manuela Carmena para tratar el asunto de forma individualizada, si le han trasladado su preocupación al consistorio cada vez que han tenido la oportunidad de hacerlo. ¿El siguiente paso? Tal vez seguir el ejemplo de Barcelona que, organizados en una plataforma de afectados, han presentado ya un requerimiento a su alcaldesa, Ada Colau, exigiendo el cumplimiento de las ordenanzas sobre el uso del espacio público, amenazando incluso con acudir a la Justicia de no obtener soluciones.

Porque el «top manta» no sólo perjudica a quienes ven sus ventas reducidas, sino «a todos los españoles». Así lo explica Verónica, porque, dice, «los comerciantes, como cualquier otro ciudadano, tienen unos intereses personales, pero también tributan por el bien común». Por todo, la asociación se planta para declarar la «urgencia» de un diálogo y negociación por erradicar un problema que, repite, es de todos y todas.

Hasta entonces y mientras la solución no llegue, esperemos que los turistas venidos del mundo, en vez de al suelo, miren al cielo en sus recorrido por Madrid, que más vale la Victoria de Edifico Metrópoli que los cristales rotos de la mercancía perdida en la carrera sobre el asfalto.

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