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Un enigma llamado De Chirico

CaixaFórum reúne 140 piezas entre pintura, escultura y litografía del padre del arte metafísico, uno de los puntales del siglo XX

  • La exposición estará en Madrid hasta el 18 de febrero
    La exposición estará en Madrid hasta el 18 de febrero
Madrid.

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15 de enero de 2018. 07:43h

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Madrid. 15/1/2018

«¿Y qué amaré, sino lo que es enigma?». Bajo este título tomado de Nietzsche se autorretrató Giorgio De Chirico en 1910. Una obra aún de componentes académicos, pero en la que ya aleteaba una idea en busca de plasmación. La «X» del estilo de este italiano universal, nacido sin embargo en Grecia en 1888, se despejaría poco después, cuando el artista, tras una revelación en Florencia, creara «El enigma de una tarde de otoño», el «Impresión, sol naciente» del arte metafísico. El origen de todo. Cuando en 1913 el Salón de los Independientes parisino expusiera sus hallazgos, el tsunami fue importante: «Es el pintor más sorprendente de su generación», escribió Apollinaire. Eran los tiempos de la vanguardia, triunfaba el cubismo. La revolución artística tenía que ser rupturista, o no ser. Y, en cambio, aquel mediterráneo obsesionado con el clasicismo no se interesaba tanto por la técnica como por el trasfondo y la composición.

Sus paisajes melancólicos, oníricos, arquitectónicos, mitad luz mitad sombra, su serie de «plazas de Italia» en que siempre había una estatua grecorromana, un tranvía lejano (memoria de su padre ingeniero) y edificios porticados, apelaban al incosciente y rápidamente sedujeron a los futuros surrealistas. «De Chirico es uno de los grandes inventores del arte moderno, el primero en indagar en la psique. Pero el suyo no era un arte de vanguardia», afirma Fabio Benzi, de la Fundación Giorgio e Isa De Chirico, la entidad que más fondos presta a la exposición sobre el creador que acoge CaixaFórum, con 140 piezas entre esculturas, litografías y pinturas hasta el 18 de febrero. Con ella se pretende poner en valor la importancia capital del padre del arte metafísico, que posó con André Breton en 1924 en la famosa foto de grupo de Man Ray de los surrealista, antes de enemistarse con ellos. «Para los surrealistas él era un maestro que había descubierto el modo de entrar en la psique a través del sueño», señala Benzi, que recuerda que en los años 20 el prestigio de De Chirico estaba a la par que el de Picasso.

Sin embargo, tras echar a rodar sus «plazas de Italia», sus enigmas, no tuvo reparos en dar un paso atrás y recrear el barroco y el renacimiento en cuadros que no fueron bien acogidos en su momento. De Chirico volvería décadas después, en los 60 y 70 al arte metafísico y, burlándose del mercado, que reclamaba cada vez con más insistencia obras de su juventud, empezó a datar los cuadros de aquel tiempo con fechas muy anteriores. Su seña de identidad, amén de los exteriores arquitectónicos, fueron los maniquíes, figuras humanoides sin rostro definido que añadían solemnidad, misterio, a la composición, y los gladiadores o los caballos, ambos profundamente ligados a su obsesión por el mundo antiguo. Aunque italiano de familia, De Chirico nunca se cansaba de recordar que era griego de nacimiento. «Me gusta lo clásico y lo primitivo», señalaba. Unos valores que entroncan con su arte y lo convertían en una vía alternativa al rupturismo de la vanguardia. Cuadros como «Las musas inquietantes», «Poesía de verano» y «Plaza de Italia con fuente», entre otras expuestas, permiten hacernos una idea de un artista «rico en fenómenos psíquicos y mentales», según decía, que, aúnando la tradición con el simbolismo de Arnold Bröcklin, inauguró una escuela que influyó en cradores de la talla de René Magritte, Salvador Dalí y Max Ernst.

PARA NO PERDERSE

CaixaFórum

Dónde: Paseo del Prado, 36. Madrid.

Cuándo: abierto todos los días de 10 a 20 horas hasta el 18 de febrero.

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