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Una ciudad desbordada de fe

Miles de devotos abarrotaron las calles del centro hasta la madrugada en el día grande de la Semana Santa madrileña

  • La imagen de Jesús El Pobre en su recorrido por las calles del centro de la capital.
    La imagen de Jesús El Pobre en su recorrido por las calles del centro de la capital.
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

18 de abril de 2014. 03:07h

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Madrid. 17/4/2014

El día grande de la Semana Santa madrileña coincidió ayer con la que fue posiblemente la tarde más templada en lo climatológico de lo que va de año en la capital. El resultado fue una explosión de fervor en el entorno de La Latina y en el Madrid de los Austrias. Sus calles se quedaron de nuevo pequeñas ante el másivo seguimiento, cada año mayor, de las procesiones de El Pobre y de Jesús del Gran Poder.

Los momentos más emocionantes de la tarde, como es tradición, se vivieron a la salida de las imágenes en la Iglesia de San Pedro El Viejo. La puerta estrecha pone a prueba el entrenamiento, el temple y el sacrificio de los anderos. Jesús El Pobre, en cuclillas; María Santísima del Dulce Nombre, de rodillas. Una vez salvada la rampa, el himno nacional y el aplauso de las miles de personas asistentes agradecidas con el esfuerzos de sus «valientes», como les anima a voz en grito el capataz. Se escapan en ese momento las primeras lágrimas. Antes, todavía dentro del templo, las oraciones previas, las «levantás» de calentamiento van dedicadas a las familias y amigos de los hermanos –con un recuerdo especial a una habitual de El Pobre como es la actriz Lina Morgan– y «al tercer golpe», llega lo serio: «Vamos a darle al pueblo de Madrid lo que está esperando de nosotros». Los nervios y el esfuerzo se redoblan con la salida de la Virgen. También la euforia. «Ahora sí. ¡Ya está aquí el Dulce Nombre para Madrid!». Los dos pasos ya en la calle y Madrid, a flor de piel. El recorrido entre una marea de personas se detiene cada pocos metros. Interrupciones que son saetas, oficiales y espontáneas, como la de José Luis Luengo, que lleva 28 años cantándola, que se le «corta la garganta de la emoción», que «no sabe explicarlo». El Pobre y la Virgen avanzan. Mudan de calle, Plaza Mayor, Puerta de Toledo, Cava Alta y Puerta Cerrada. Regreso a la calle del Nuncio y como colofón, la tradicional reverencia. Pero lo que no cambia con el recorrido es el acompañamiento de miles de personas a ambos lados de las imágenes. Los primeros cálculos, que a lo largo del día confirmará la Policía Municipal, hablan de alrededor de 200.000 personas.

A pocos centenares de metros, la otra gran cita de la tarde noche, ésta, con acento andaluz. En la Real Colegiata de San Isidro, se vistió de gala y con apenas una hora de diferencia la Ilustre y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima de la Esperanza Macarena, fundada en 1940. Con dos réplicas de los célebres pasos que recorren la Semana Santa hispalense, los fieles de la Hermandad pasan en pocos minutos del recogimiento en la oración a la exaltación ante la imagen de la Virgen. Del silencio en la salida de Jesús a los «vivas» cuando pasa la Virgen y los «¡Guapa, guapa y guapa!», con las marchas sevillanas como música de fondo. Ambas procesiones se alargaron hasta bien entrada la madrugada.

También El Cautivo

Son El Pobre y el Gran Poder y la Macarena, las que acaparan más flashes y más atención de madrileños y turistas, que se dejan caer por la ciudad pero no fueron ayer las únicas procesiones en recorrer las calles de la capital. El Divino Cautivo, en el barrio de Salamanca –salió del Colegio Calasancio de los Padres Escolapios con una talla de Mariano Benlliure de 1944, por segundo año consecutivo en andas–, completó la tarde.

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