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Proyectos de futuro en la España vaciada

Hoy en día, como sociedad nos enfrentamos al reto demográfico, un proceso por el cual nuestros pueblos se vacían de personas, pero también de servicios esenciales en consecuencia. Para conocer más de cerca este fenómeno social, tres trabajadoras y una usuaria de Clece describen al detalle por qué eligieron vivir en la España vaciada

España es el cuarto país con más municipios en riesgo de despoblación de toda la Unión Europea.
España es el cuarto país con más municipios en riesgo de despoblación de toda la Unión Europea.CleceLa Razón

Aunque en España superamos los 47 millones de habitantes, este crecimiento poblacional no se ha notado de forma homogénea en nuestro territorio. Mientras que las grandes ciudades y las costas turísticas han ido creciendo en población y espacio, el interior de nuestro país va vaciándose. Tanto es así que España es el cuarto país con más municipios en riesgo de despoblación de toda la Unión Europea.

Sin embargo, muchas personas se resisten a dejar el que ha sido su hogar o, incluso, se mudan a estos municipios, en una apuesta personal por la calidad de vida que guardan y en las oportunidades laborales que se encuentran en ellos. Este es el caso de estas tres profesionales y una usuaria del Servicio de Asistencia a Domicilio de Clece, cuyos testimonios describen cómo es para ellas el día a día en el escenario más real del que es nuestro reto demográfico.

“El beneficio personal de quedarse en el pueblo es inconmensurable”

Monda es un pequeño pueblo de la Sierra de las Nieves en Málaga. Muchos de sus 2.200 habitantes han visto a sus hermanos, hijos o nietos abandonar el pueblo para buscar alguna oportunidad laboral en la ciudad o en la costa, donde el turismo y la hostelería son el principal motor económico.

Estefanía Mariscal pensó durante un tiempo que ese iba a ser su futuro. Estefanía desde pequeña supo que lo suyo eran los más pequeños. Cuando pasaron los años y, tras el instituto, llegó el momento de decidir qué estudiar, Estefanía lo tuvo claro y se graduó como Técnico de Educación Infantil. Sin embargo, a medida que iba acabando sus estudios y pensaba en el futuro, más se desanimaba. “Las opciones que manejaba eran irme a la costa o a Málaga para buscar trabajo en alguna tienda de ropa o en algo de turismo”, cuenta la joven educadora.

Gracias al ayuntamiento del pueblo y a Koala Escuelas Infantiles, la filial de Clece especializada en servicios educativos, Estefanía tuvo un golpe de suerte: en 2016 se abrió la Escuela de Educación Infantil Municipal de Monda, con tan solo dos aulas. “El mismo junio que me gradué salió la convocatoria, así que pensé que era el destino”, explica emocionada. “En tan solo tres días, fui seleccionada”.

Los beneficios que ha tenido esta escuela infantil para el pueblo son inconmensurables: “Es algo que ha enriquecido y enriquece al pueblo, un aliciente para que las personas que así lo desean apuesten por quedarse”. Estefanía también deja a un lado lo material, para poner en valor el enorme trabajo que se hace cada día en pequeñas localidades como Monda. “Todo se mide en beneficios económicos, cuando, sin embargo, muchas veces el beneficio es personal, mejorando la vida de muchas personas y creando y manteniendo el vínculo de los habitantes con el pueblo”, explica.

Y es que, en la medida de lo posible, en la escuela han tratado de emplear a los jóvenes de Monda y de los pueblos aledaños. Además de generar trabajo, “las familias tienen la opción de quedarse y de evitar que el nuestro sea un pueblo-dormitorio, en el que las personas vienen solo a dormir”, comenta. La influencia de la escuela ha propiciado, además, algunos cambios en el pueblo, como el nuevo parque que se ha construido debajo de la guardería. Así lo define Estefanía: “Queremos que la escuela sea parte del pueblo y que el pueblo sea parte de la escuela”.

Tanto es así que la escuela sirve también de punto de encuentro para las actividades que organizan los habitantes de Monda. Por ejemplo, como cuenta Estefanía, en una de las excursiones, el profesorado llevó a los alumnos junto a sus padres a un molino de aceite de la localidad que muchos no conocían. Esto no solo sirvió para que las familias conociesen mejor su pueblo, sino también para promocionar y alentar el consumo de productos cercanos que mejoren la economía local.

Para Estefanía, estas cosas son importantes porque son parte de “la identidad y de la sensación de comunidad con la que vivimos aquí, con nuestros valores y nuestras tradiciones, que están muy arraigadas y que tenemos que preservar”.

“Soria me cautivó y decidí quedarme a vivir”

Sara García es directora de la residencia para mayores Nuestra Señora de las Mercedes, en El Royo, una pequeña localidad soriana de apenas 265 habitantes. “Se trata de un pueblo precioso, con multitud de paisajes, jardines y casas que llaman muchísimo la atención”, describe.

El Royo vive de la agricultura, de los pequeños comercios del pueblo, entre los que hay una tienda, una farmacia y un restaurante, y de los empleos que genera la residencia. “A veces ha sido difícil encontrar profesionales que quisieran renunciar a la comodidad de la ciudad”, lamenta Sara.

Sin embargo, a causa de la pandemia, esto ha variado y cada vez son más las personas que, como la propia Sara, ven con otros ojos vivir en un pueblo como el suyo. “Yo no soy de aquí, ni siquiera soy de Soria, pero me cautivó la zona, la gente tan amable y tan acogedora”, comenta.

“Ahora, muchas personas buscan la tranquilidad de un pueblo y contemplan trasladarse aquí”. La residencia, en este sentido, juega un papel fundamental, ya que, en palabras de Sara, se trata de “un impulso a la economía local”. El que dirige es un centro con 51 residentes y unos 27 empleados que, en sus propias palabras, “se encuentran muy a gusto, gracias al ambiente familiar, pequeño, cercano, que da el pueblo”.

Pero no solo eso: la residencia también implica algunos aspectos positivos para el resto de habitantes de esta pequeña localidad. Uno de los más significativos es que, al pertenecer todos los residentes al centro de salud del pueblo, se mantienen las horas de consulta del médico local, como explica Sara.

Además, el entorno rural que ofrece el pueblo hace que el día a día en este centro sea de lo más agradable, con unos grandes invernaderos en los que los usuarios aprovechan el buen tiempo para sus actividades de fisioterapia, y unos jardines amplios en los que se puede merendar placenteramente durante las visitas de los familiares. Y es que, precisamente, este centro permite que muchos de los mayores de El Royo y el resto de pedanías puedan quedarse cerca de sus parientes y de sus hogares.

“Me encanta pasear por mi pueblo”

Venta de Baños es una localidad palentina que experimentó un gran crecimiento a mediados del siglo XIX con el ferrocarril del norte. Hoy en día, cuenta con unos 6.500 habitantes, para los que la Basílica de San Juan de Baños, Bien de Interés Cultural desde 1987, es motivo de enorme orgullo.

Rosa Alejos es auxiliar desde hace más de 27 años. Hace ya más de uno que conoce a Mercedes Ovejero, usuaria del Servicio de Asistencia a Domicilio de Clece, ambas venteñas de siempre. Los martes y sábados Rosa acude al domicilio de Mercedes para ayudarle en lo que pueda, “aunque Mercedes es muy autónoma”, y hacerle compañía y charlar.

Y es que para esta trabajadora, “el contacto humano es muy importante” como cuenta. Empezó como auxiliar allí en Venta de Baños, con una baja de un compañero, y hoy suma casi 3 décadas de experiencia en esta labor para la que aclara que “hacen falta paciencia y arranque”.

Mercedes, con 78 años, es la más joven de los usuarios a los que atiende. “Lo lleva todo muy bien, su casa, su cocina... Cuando voy, le hago sentir acompañada y le doy mimitos, que muchas veces es lo que más necesitan”, comenta Rosa. “Nos llevamos muy bien, ya tenemos una relación de amistad”, añade.

Aunque se conocieron antes de la pandemia, el confinamiento las separó durante un tiempo, ya que Mercedes decidió, por precaución, darse de baja en el SAD. “Aun así, mantuvimos el contacto por teléfono y nos llamábamos todas las semanas para saber que la otra estaba bien”, explica Rosa. Al cabo de un tiempo, Mercedes se animó y volvió a recibir las visitas de la auxiliar. “Estoy muy contenta”, comenta la usuaria. “Con la ayuda de Mercedes, poco a poco voy restableciendo la confianza y empiezo a recuperar los hábitos de los que más disfruto, como pasear por mi pueblo, que me encanta”, celebra.

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