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Del peatón al coche compartido: la pirámide de la nueva movilidad urbana

Con mayor presencia de peatones y bicicletas, digitalizada y basada en tecnologías de bajas emisiones. Así es la movilidad urbana que ya se está poniendo en marcha en ciudades de medio mundo

La ONU considera la movilidad sostenible como un derecho ciudadano
La ONU considera la movilidad sostenible como un derecho ciudadanodreamstime

Que la movilidad está cambiando salta a la vista. No hace falta más que darse una vuelta por cualquier centro urbano para ver que muchas calles se han peatonalizado o que en el espacio viario circulan más bicicletas, patinetes o vehículos de bajas emisiones tanto de transporte colectivo como de particulares o de alquiler. El Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE) explica gráficamente la nueva movilidad del siglo XXI con una pirámide invertida. Los peatones serían los usuarios más numerosos y los más importantes; se sitúan por encima de todos los demás en la parte superior de la pirámide. Luego irían los ciclistas y el transporte público y solo después, las flotas de servicios de distribución de mercancías, el coche compartido y, por último, estarían los vehículos particulares.

Los esfuerzos de las grandes ciudades van dirigidos precisamente a dibujar esta nueva pirámide, primero porque cada vez viven más personas en las ciudades (la ONU calcula que para 2050 hasta 68% de la población vivirá en ellas). Segundo, porque la movilidad sostenible se ha convertido en un derecho ciudadano. Lo dice así la nueva Ley de Movilidad Sostenible y Financiación del Transporte que se está preparando en España, pero también los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Y tercero porque disminuir las emisiones del transporte es parte de las estrategias para combatir el cambio climático. Además, la descarbonización del sector tiene una fecha clave, al menos en Europa: el año 2050.

Son decenas las soluciones que se están implantado entre las que se encuentra el impulso del uso del transporte público o reducir el tiempo de los trayectos para descongestionar el tráfico. De hecho, según el recientemente publicado “Índice de las Ciudades del Futuro 2021″, realizado por EasyPark, ciudades como Madrid y Barcelona encabezan las listas de urbes de más de tres millones de habitantes en innovación en movilidad. En este sentido, para acelerar la descarbonización de la movilidad en el transporte público regular de viajeros, el Consorcio Regional de Transportes de Madrid (CRTM) y Repsol han firmado recientemente un acuerdo de colaboración para estudiar distintas alternativas, incluyendo la electrificación, el hidrógeno y los combustibles renovables.

Pirámide transporte IDAE
Pirámide transporte IDAEMiguel Roselló

En el ámbito de la movilidad peatonal, es famosa la propuesta de París que apuesta por un modelo urbano en el que todos los ciudadanos tengan todos los servicios públicos (hospitales, escuelas, etcétera) a menos de 15 minutos andando desde sus casas. En España, Barcelona cuenta con un plan parecido. Desarrollar supermanzanas o celdas de 400 metros en cuyo interior se reduciría el tráfico rodado.

Por otro lado, cada vez son más los ciudadanos que deciden usar bicicleta para sus desplazamientos por la ciudad. De hecho, en España, donde este tipo de movilidad no ha sido tradicionalmente mayoritaria, las ventas se han disparado hasta un 41% en cinco años, según la Asociación de Marcas y Bicicletas de España (AMBE). En el norte de Europa hay iniciativas que pueden ser inspiradoras y ponen de manifiesto su potencial. En Copenhague (Dinamarca), donde se calcula que hasta el 62% de la población se mueve en bicicleta, se puso en marcha en 2009 el proyecto Copenhagen Wheel. Un servicio de alquiler donde cada vehículo sirve, además, para recoger información sobre el ruido o la humedad mientras el usuario pedalea.

Si se trata de transporte público existen múltiples propuestas para incentivar su uso. Desde hacer el billete más asequible para el bolsillo a mejorar las frecuencias de paso, pasando por sustituir las flotas de autobuses urbanos por modelos más sostenibles: desde vehículos eléctricos a aquellos que sin cambiar sus motores son capaces de moverse gracias a combustibles renovables. Es el caso de la ciudad de Bilbao, donde se ha llevado a cabo un proyecto piloto cuyo objetivo era probar un nuevo biocombustible avanzado, fabricado a partir de residuos.

Un total de 12 autobuses urbanos usaron este combustible durante cuatro meses con éxito; en ese periodo se evitó la emisión a la atmósfera de unas 300 toneladas de CO₂. Para el desarrollo del proyecto se unieron la empresa municipal Bilbobus; la operadora del servicio, Alsa, y la multienergética Repsol como proveedora de este biocombustible hecho a partir de residuos. “Para poder transicionar a cero emisiones, hacemos inversiones en flota nueva, pero para la flota actual, tenemos soluciones complementarias, como puede ser el caso de biocombustibles. Todos los proyectos que se han desarrollado anteriormente y a futuro con Repsol son claves en la parte de investigación y desarrollo”, explica Miguel Ángel Alonso, director general de División, Mantenimiento y Compras en Alsa.

Tras el transporte público, se llega a la parte más estrecha de la pirámide con propuestas que quieren minimizar el tráfico rodado por las calles de las ciudades. En el campo de la distribución de mercancías, por ejemplo, es llamativa la propuesta catalana de regular la entrega de productos online. Conscientes de que el reparto de última milla está creciendo en el territorio, el objetivo que inspira la ley sería el de gestionar este tipo de tráfico estableciendo horarios de reparto o fomentando la creación de puntos de “Click&Collect” como alternativa al reparto hasta las puertas de los domicilios.

Para la movilidad particular se apuesta por soluciones que intentan aprovechar al máximo la capacidad de los vehículos para mover personas (recuerda el IDAE que más del 95% del tiempo, los coches están aparcados). Es lo que sucede con los servicios de car sharing, que permiten alquilar un coche solo durante el tiempo que se necesita. Son varias las iniciativas que están en marcha en las ciudades. En el caso de Madrid, uno de los servicios activos es Wible, el operador de coches compartidos de Repsol y Kia. Una flota de 500 vehículos híbridos enchufables permite, a quien lo necesite, circular tanto por Madrid como por los alrededores. No hay que olvidar que también son cada vez más los servicios de carpooling que consisten en ofrecer una plaza libre de un vehículo privado a otros pasajeros y compartir trayecto y gastos.

Es lógico que cuanta mayor es la ocupación de cada vehículo en cada trayecto, menos viajes se necesita hacer entre dos puntos y menos tiempo se usa la vía pública. Lo que inevitablemente lleva a menos consumo de energía y emisiones por viajero y kilómetro recorrido. Pero para agilizar los trayectos existen además un sinfín de soluciones tecnológicas y digitales que ayudan a buscar aparcamiento libre (como sucede en Londres gracias al proyecto Smart Parking) o que priorizan el paso de los servicios públicos. Es lo que ocurre en la ciudad alemana de Aachen que cuenta con semáforos conectados que se ponen en verde cuando se acerca una ambulancia, un camión de bomberos o un coche de la policía.

La movilidad de las ciudades está en plena transformación y solo el futuro nos dejará ver claramente cómo se configurará de aquí a unos años. Imaginen lo que está por venir. El Foro Económico Mundial lo ha hecho y vaticina que parte del tráfico futuro también será en vertical y por aire. Casi, casi como en Blade Runner.

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