Las cifras que avalan a Madrid frente al cerrojazo de la hostelería en otras regiones

Ocho comunidades autónomas con restricciones más severas sufren un mayor incremento en los datos de mortalidad desde el mes de diciembre

Varias personas, en la terraza de un bar, en el centro de Madrid
Varias personas, en la terraza de un bar, en el centro de MadridRicardo Rubio

Cataluña y Madrid. Dos comunidades de referencia, dos regiones que han sufrido especialmente la pandemia y dos territorios con distintas formas de abordar el coronavirus. En Cataluña, hasta hace pocas semanas, la hostelería solo podía abrir en franjas específicas de mañana y de sobremesa para servir desayunos y comidas de forma presencial. No ha sido hasta bien entrado marzo cuando la Generalitat ha permitido su apertura al público desde las 7:30 hasta las 17:00 horas, con un 30% del aforo en el interior y solo cuatro comensales por mesa. Mientras, en Madrid, el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso ha sido durante estos últimos meses mucho más permisivo al respecto: horarios continuados hasta las 22:00 horas, límite para admitir nuevos clientes, y un aforo en el interior del 50%. Con estos bases, ¿ha conseguido Cataluña mejores resultados que Madrid a la hora de evitar muertes asociadas al coronavirus? Lo cierto es que los datos del Ministerio de Sanidad demuestran que no: el cierre de la hostelería no está siendo determinante. Desde finales de diciembre, cuando comenzó a gestarse la segunda ola, y hasta el pasado 1 de abril, el aumento del número de muertes por cada millón de habitantes ha sido de un 34% en Cataluña; mientras, en Madrid, el incremento ha sido del 23%.

Se trata del análisis realizado, partiendo de las cifras oficiales, por parte de Borja Díaz, propietario de un negocio presencial, y que, como muchos otros pequeños y medianos empresarios, mira con preocupación una serie de medidas que, en su opinión, además de ser ineficaces, están condenando a la pobreza a muchos españoles. «Es comprensible que la primera medida, recién estallada la pandemia, fuera cerrar los comercios. Pero pasados ya unos meses, y a tenor de los datos, no puede utilizarse a la hostelería como cabeza de turco, porque no es la solución», afirma Díaz a LA RAZÓN.

Así, a fecha 1 de abril, y según los datos del Ministerio, las diez comunidades con más fallecidos por cada millón de habitantes son Castilla-La Mancha (2.815), Castilla y León (2.761), Aragón (2.517), La Rioja (2.355), Madrid (2.161), Asturias (1.860), País Vasco (1.803), Cataluña (1.748), Navarra (1.708) y Extremadura (1.654). La Comunidad de Madrid se encuentra así en quinta posición.

Ahora bien, si vemos la evolución de las regiones desde el periodo prenavideño –antes de la segunda ola– y principios de abril –ya consumada la tercera–, el paisaje es muy diferente. Junto con Navarra, Madrid es una de las comunidades que ha sufrido en menor medida el incremento en el número de decesos: de 1.754 muertes por cada millón de habitantes el 22 de diciembre se pasó a 2.161 el 1 de abril. Un aumento del 23 por ciento.

En ese mismo periodo, quien más ha visto aumentar el número de fallecimientos es Extremadura: de 981 a 1.654. Un 69% más en cuatro meses. Entre otras medidas, la Junta decretó el cierre de la hostelería y la restauración en aquellas localidades mayores de 5.000 habitantes que presentaran una incidencia superior a los 500 casos de coronavirus por cada 100.000 personas.

La siguiente comunidad en presentar un mayor incremento es Asturias. Pasó de 1.298 muertes por cada millón de habitantes a 1.860, lo que supone una subida del 43%. Actualmente, el Principado también cuenta con medidas más restrictivas que Madrid: bares y restaurantes solo pueden abrir hasta las 20:00 horas y no está permitido recibir nuevos clientes desde las 19:30.

Por su parte, Castilla La Mancha refleja un incremento de la mortalidad del 36%: de 2.075 fallecidos por cada millón de habitantes a 22 de diciembre, ha pasado a 2.815 a principios de este mes.

Después, hay dos regiones que han visto aumentar su mortalidad en un 34%: el ya mencionado caso de Cataluña, donde el cerrojazo al sector ha sido absoluto, y País Vasco. En este último, se ha pasado de 1.343 a 1.803 fallecidos por cada millón de habitantes. Actualmente, y desde febrero, el Gobierno vasco permite a la hostelería abrir en un horario de 6:00 a 20:00 horas, con un aforo del 50%. Eso sí, la medida se implantó gracias a la impugnación presentada por las asociaciones de hosteleros ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, ya que el Gobierno del PNV había decretado el cierre de los establecimientos en aquellos municipios con altas tasas de incidencia.

Las muertes en Aragón también se han incrementado, en este caso un 31%. Actualmente, su Gobierno regional permite la apertura de los locales hasta las 22:00 horas, así como un 30% de su aforo en interior. Le sigue Castilla y León, con una subida del 30% en la tasa de fallecimientos. En este caso, su Ejecutivo autonómico permite a los bares y restaurante abrir hasta las 22:00 horas, con un aforo del 33% en interiores y del 75% en terrazas.

Por su parte, La Rioja ha pasado de 1.839 a 2.355 fallecidos por cada millón de habitantes, lo que implica una subida del 28%. El cierre también se prolonga hasta las 22:00 horas, mientras que el aforo está reducido al 30%.

De entre las diez comunidades más afectadas, Navarra es la única que ha conseguido mejorar sus cifras con respecto a diciembre. Concretamente, un 11%. A día de hoy, además de permitir un 30% de comensales su interior, los locales pueden estar abiertos hasta las 21:00 horas.

Ante esta situación, empresarios como Borja Díaz se preguntan por las diferencias en las concesiones de ayudas directas en España en comparación con el resto de países de nuestro entorno, como Alemania. «Por el bien de la sociedad, no se pueden cerrar los negocios y, a la vez, no conceder ayudas directas, solo subvenciones que, como mucho, alcanzan los 800 euros al mes. La clase media puede morir, lo que que generará unos problemas enormes. No se trata de ideología: en cualquier país europeo, basado en el estado del bienestar, salud y economía tienen que ir de la mano», concluye.