1983: las primeras elecciones de Madrid para construir la nueva España

«La gente estaba muy ilusionada, había muy buen ambiente, pero todavía se sentía el miedo del 23-F», recuerdan Félix y Rafael, que participaron en la primera primera votación de la Asamblea

Félix González, en el colegio donde votó en 1983
Félix González, en el colegio donde votó en 1983Jesús G. FeriaLa Razon

Hace 38 años, Rafael Valentín-Pastrana acudía a su colegio papeleta en mano. Era la primera vez votaba para elegir a un presidente de la recién creada Comunidad de Madrid. «Era muy emocionante, exhibías tu tarjeta censal como el que se acaba de sacar el carnet de conducir y lo muestra con orgullo. Recuerdo que fui a votar con la familia y luego a tomar el vermú. Fue un día especial», asegura este madrileño que entonces tenía 19 años. A él le tocó en el Colegio San Patricio, en La Moraleja, donde estudió hasta BUP.

Tenía su voto claro, o al menos eso cree recordar: «En mi entorno proliferaba mucho la gente de derechas, pero allí cada uno defendía sus ideas sin problema, nadie señalaba a nadie. Cuando fui a coger la papeleta de Joaquín Leguina, el candidato socialista, algunos amigos me dijeron en broma que mejor eligiera a Alianza Popular, pero todo en un tono cordial y muy amistoso. También tengo que decir que fue la primera y la última vez que voté al PSOE», rememora. Para Rafael, el clima actual de polarización dista mucho del de entonces: «Y no solo en la política si no en todo. En la actualidad parece que no puedes ser del Atleti y tener amigos del Madrid, todo está tan crispado.... Es imposible hablar con naturalidad del tema político como sí lo hacíamos antaño».

En aquellos históricos comicios, el socialista Leguina arrasó con una mayoría aplastante. Se hizo con 51 escaños de la Asamblea, muy por delante del candidato de Alianza Popular, Luis Guillermo Perinat, que se quedó en los 34 y un Partido Comunista, encabezado por Lorenzo Hernández que consiguió nueve asientos.

El «efecto González»

La participación alcanzó el 69,71 por ciento con 2,3 millones de electores. «Su éxito fue debido a que Leguina era el hombre de Felipe González en Madrid y, entonces, el presidente socialista tenía un gran respaldo de la ciudadanía. Lo que me gustaba de los políticos de entonces, del partido que fueran, es que eran personas muy formadas, unos señores y unas señoras muy serias que venían preparados para la tarea. Ahora, parece que les cogen más por su desparpajo y descaro que por su preparación», lamenta.

Este productor audiovisual y jurista de profesión (de hecho, tuvo a Gregorio Peces-Barba de profesor en la universidad) explica que nunca nunca fue una persona especialmente política, «no iba a mítines, la verdad que voté sin leer con mucha atención el programa. Lo que si recuerdo es que había muchos carteles electorales por todo Madrid. Nos enterábamos de lo que decían los unos y los otros por los periódicos, pero, eso sí, antes el mensaje llegaba con menos intensidad que ahora, que te martillean por las redes sociales. En aquellos años solo había dos canales de televisión, así que figúrate».

«Los jóvenes exhibíamos la tarjeta censal  en el colegio electoral como el que se acaba de sacar el carnet de conducir y lo muestra con orgullo. Lo recuerdo como un día emocionante», afirma Rafael Valentín-Pastrana
«Los jóvenes exhibíamos la tarjeta censal en el colegio electoral como el que se acaba de sacar el carnet de conducir y lo muestra con orgullo. Lo recuerdo como un día emocionante», afirma Rafael Valentín-PastranaJesús G. FeriaLa Razon

Aunque no le «inquietara» demasiado la política ni aquello de «cambiar el mundo», Rafael asevera que su participación en las urnas aquel 8 de mayo de 1983 respondió a «una reacción para consolidar la democracia, más aún después del 23-F (cuando se produjo el golpe de Estado) que nos había dejado preocupados a la mayoría de los españoles». También el asunto «de la desmilitarización de España promovido por los socialistas» le convenció: «No quería hacer el servicio militar y ellos lo defendían, de ahí que luego cuando González hizo campaña a favor de entrar en la OTAN me desilusionó».

La familia de Rafael, según nos relata, «no era muy de izquierdas, la verdad», pero si había un político favorito entre ellos era Enrique Tierno Galván, quien fue alcalde desde 1979 a 1986: «Él era un buen ejemplo de los políticos de a pie de calle, cumplía con lo que prometía. Mi padre era más conservador, le gustaba mucho Agustín Rodríguez Sahagún, de UCD, aunque al mismo tiempo reconocía que habría votado a Felipe González en 1982 si no llega a ser porque estaba de viaje. No te digo más que fue hasta el mitin de su cierre de campaña de Sevilla. A pesar de todo esto, en casa no se hablaba mucho de política, alguna conversación general, pero no había discusiones».

Ganas de cambio

Un clima, el de entonces, muy opuesto al que se vive en la actualidad. Aunque este productor afirma que durante un tiempo estuvo sin votar como rechazo a las promesas no cumplidas de en quienes había depositado su confianza, afirma que en esta ocasión sí que lo hará. ¿Su candidata? Isabel Díaz Ayuso: «Por ahí me moveré, aunque la representante de Vox, Rocío Monasterio, quizá necesite un empujoncito. La verdad es que yo siempre he optado por un voto práctico. Como puedes ver he pasado por todo el arco ideológico, empecé con el PSOE, pero luego he votado al PP, Ciudadanos, Vox... Hoy, quien más confianza me da sin lugar a dudas es Ayuso».

Quien no cayó rendido a ese «halo felipista» que otrora (y durante las dos siguientes legislaturas) impregnaba la figura de Leguina, fue Félix González. Este economista jubilado de 73 años recuerda que acababa de llegar de Venezuela, donde se había marchado por trabajo en 1978: «Regresé justo antes de las elecciones de González, las del 81 y ahí no me dejaron votar porque no aparecía en el censo. Al regresar noté que en Madrid había mucho movimiento, lo de Tejero había asustado, la gente tenía ganas de cambio, pero desde la tranquilidad y la moderación. Encontré un ánimo positivo por las calles», recalca.

Él se decantó por Luis Guillermo Perinat, de AP «porque era el que más se parecía a Suárez y la UCD ya estaba de capa caída. Yo siempre he sido más de orden y gestión e, ideológicamente, conservador. La derecha siempre está más preparada para la gestión y más en aquel momento». Lo que rememora este economista, que ha trabajado a lo largo de su vida en varias empresas, con la intensidad que no diluyen los años es el entusiasmo «y las ganas de la gente por intervenir en la política». «No había crispación, es cierto que los políticos discutían, pero nada que ver con lo que ocurre en la actualidad. Los extremos se habían moderado tras el golpe de Estado y el ánimo era construir y participar en la creación de la nueva España a la que entonces se estaba dando forma», dice.

Del diálogo, a los extremos

Para Félix, lo que antes era diálogo, ahora es enfrentamiento: «la política creo que ha ido degenerando, no es fácil hablar con calma y disentir. Los políticos nos arrastran a sus enfrentamientos». Aunque no votó a Leguina en aquellas elecciones (y en ningunas otras) le reconoce los méritos de ser «un hombre preparado y sobre todo de Estado, eso sí, su filosofía no encajaba con mis ideas. Su victoria fue fácil porque iba a favor de la corriente de González, algo que precisamente ocurre, pero en el sentido contrario, con Ayuso. Ella ha salido a flote pese a tener al presidente de España en su contra. Ayuso solo ha tenido dificultades».

«Me gustaría que la política volviera a ser lo que era antes, un lugar de encuentro y entendimiento para construir algo positivo para nuestro país. Ahora más que diálogo solo hay enfrentamiento», confiesa Félix González
«Me gustaría que la política volviera a ser lo que era antes, un lugar de encuentro y entendimiento para construir algo positivo para nuestro país. Ahora más que diálogo solo hay enfrentamiento», confiesa Félix GonzálezJesús G. FeriaLa Razon

Por eso, Félix tiene claro que su voto irá para ella: «Me gusta que no sea políticamente correcta. Es una mujer valiente, natural y espontánea. Se ha curtido en el castigo que le han impuesto otros y eso le ha hecho crecer políticamente. Ha sabido encontrar el equilibrio». Y con su papeleta preparada para depositarla hoy en su colegio electoral, este economista madrileño hace la última puntualización: «Me gustaría que la política volviera a ser lo que era antes, un punto de entendimiento para, desde diferentes ideologías, construir algo positivo para nuestro país y, en este caso, por Madrid, que no es sino una representación a pequeña escala de lo que es España».