Casado bajo el «efecto Ayuso»

Los resultados devuelven al líder del PP a la carrera hacia La Moncloa tras la debacle de Cataluña y las dudas en el partido. Su futuro depende de su pulso con Vox

Casado aseguró ayer que Madrid ha sido una moción a Sánchez
Casado aseguró ayer que Madrid ha sido una moción a SánchezCipriano Pastrano DelgadoLa Razón

El 4-M le da a Pablo Casado la oportunidad de pasar de ese doloroso pronóstico de líder de la derecha prácticamente desahuciado –por los suyos, que duele más– a ver consolidadas sus opciones nacionales como alternativa. Y este balón de oxígeno le viene de unas elecciones que Génova nunca quiso convocar, y que frenó incluso durante meses. Y de una campaña de Isabel Díaz Ayuso muy personalista, sostenida más en su marca que en la del partido.

Resulta que justo una figura del «aznarismo», Miguel Ángel Rodríguez, jefe de gabinete de Ayuso, como en su día lo fue de José María Aznar, es el responsable del éxito del «efecto Ayuso», de la creación de una figura política que ensombrece hasta el liderazgo nacional del partido.

A Rodríguez no le querían ver en Génova, criticaban su autonomía e irreverencia, contagiada a Ayuso, pero los resultados de su apuesta le convierten en uno de los principales triunfadores de esta noche electoral.

Hasta los críticos le tienen que reconocer el acierto de su estrategia y el acierto de Ayuso en encomendarse a él, sin hacer caso a las «casandras» que le auguraban que el ex de Aznar la llevaría a la ruina

Ayuso sale de las elecciones consagrada como nuevo referente de la derecha, usando como plataforma un espacio socio-electoral con características particulares, ya que le permite coquetear con Vox, por ejemplo, sin que esto tenga coste electoral.

Vox en el centro derecha ya no asusta tanto, e incluso hasta el votante más de centro parece que está aprendiendo a convivir mejor con Santiago Abascal que con Pablo Iglesias.

Pero Madrid es Madrid y la gestión del entendimiento obligado con Vox puede ser una hipoteca para Casado y para otros barones, dependiendo de hasta dónde estiren la cuerda en el partido que sale de estas elecciones convertido en el único socio viable de Casado para llegar hasta La Moncloa.

A Casado le resultará muy difícil frenar ahora la legítima aspiración de la presidenta madrileña de ser también la presidenta regional del partido, aunque no hay duda de que, pese al resultado, en Génova intentarán que no se quede con el control de la organización regional.

Ayuso hace sombra, pero en Génova no la ven hoy como un rival para Casado porque «tiene que dedicarse a Madrid y trabajar para ganar las próximas elecciones autonómicas», que se deben celebrar en dos años. Además, la líder madrileña no tiene apoyos orgánicos fuera de su comunidad.

Es un referente electoral, pero no dentro de la estructura del partido: poder que sí tienen otros barones periféricos. Por tanto, en esa meta de Casado en la que realmente se juega su futuro, las próximas elecciones generales, el «efecto Ayuso» le suma mucho más que le resta.

De momento, las elecciones del 4-M le fortalecen como alternativa del centro derecha. Dan sentido al eslogan del voto útil y abren un punto de inflexión en la refundación de este bloque, necesaria para que Casado tenga posibilidades de aspirar a La Moncloa.

El líder popular tiene en teoría una bala más como candidato, después de optar dos veces a la Presidencia del Gobierno.

Aunque, si ganara las próximas elecciones generales, pero no pudiera gobernar porque aun siendo la lista más votada, sumaran más escaños la izquierda con los nacionalistas e independentistas, tendría bastante más fácil resistir a las presiones internas para forzar un cambio de liderazgo.

Su refuerzo tiene una amenaza en el horizonte, que en Génova empiezan a barajar seriamente, y que consiste en que estas elecciones traigan otras elecciones, esta vez convocadas por Sánchez para no dar tiempo a la oposición a seguir reforzándose a costa del desgaste del Gobierno por las obligaciones, aún no reconocidas, con Bruselas para que lleguen los fondos.

Primero llegará la subida de impuestos. Y para el 23, los tragos más amargos del ajuste. PSOE y PP saben que la economía jugará contra el Gobierno y a favor de la oposición.