El taller de Malasaña que ha vestido a personalidades como Aitana en España o Shirley Bassey en Londres

El diseñador de moda Antonio Velasco se define dentro de una estética camp y teatral y siempre tuvo claro que lo que quería era la alta costura y el patronaje

Antonio Velasco, diseñador
Antonio Velasco, diseñador FOTO: Gonzalo Pérez Mata La Razón

Él es Antonio Velasco. Su taller, ubicado en el barrio de Malasaña, ha vestido a personalidades de lo más variadas como Shirley Bassey, Lola Índigo, Aitana, Ana Obregón o la mismísima Veneno en la serie de «los Javis». Sus inicios artísticos se desarrollaron en el colegio, Brains. Fue allí donde demostró su creatividad y verdadera vocación, entre los telones del teatro Arcadia. «Empecé en sexto de primaria haciendo Grease, luego hemos pasado por veinte obras más. Al principio ayudaba con escenografía y decorados hasta que empecé con parte del vestuario», confiesa dejando claro que él siempre se ha sentido cómodo detrás de las cámaras. Desde entonces, pasó a ser el director de vestuario, encargándose por completo del ropaje de todos los personajes cada año e incluso de la escenografía: «Este colegio es como una familia para mí».

Lo cierto es que Antonio no ha desaprovechado ninguna oportunidad que ha ido cruzándose en su camino, pues ya en la carrera de Diseño de Moda empezó a realizar el vestuario para producciones de Ibiza: «Este era un campo que me permitía ser libre y hacer lo que quisiera, ya que en la universidad no salí muy contento. Yo tenía claro que lo que quería era la alta costura y el patronaje. Ha sido trabajando en la vida real cuando he ido adquiriendo conocimientos», añade. Así fueron sus primeros años, entre semana universidad y fines de semana en Ibiza, además de llevar el teatro Arcadia.

Un comienzo por todo lo alto

Más tarde llegó el musical ‘The Hole Zero’, donde renovó el vestuario. «A raíz del musical llegaron celebrities como Ana Mena, a quien hemos vestido muchísimas veces; Ana Obregón para Telepasión el año pasado y fue una gran experiencia; Alaska o Christina Aguilera, entre otros. Y, como no, trabajar para Shirley Bassey en el aniversario de James Bond, algo maravilloso. Fue un viaje increíble, hicimos pruebas en Mónaco, Marbella y la gala final en Londres», cuenta Antonio emocionado.

Pero, ¿cómo es la vida de un diseñador y qué hacen para no agotar su creatividad y originalidad? A lo que Antonio responde: «Depende mucho de la personalidad. Yo no trabajo igual para todo el mundo. Por ejemplo, Shirley Bassey ha sido un proceso de alta costura, de diseñar con el cliente, analizar la ocasión y saber interpretar sus gustos. Ahí me enfrenté a un reto que era histórico: el aniversario de los sesenta años de James Bond en el Royal Albert Hall. Luego hay otros procesos más orientados a los fittings, pruebas y selección de tejidos. El trato también cambia en función de la ubicación y cercanía con el cliente… Para teatro es otro proceso de investigación. En el show de ‘El gran hotel de las reinas’ tengo mucha relación con su directora, Alejandra Acosta, y fue una lluvia de ideas y ocurrencias. Influyen muchos factores dependiendo del trabajo», explica.

Antonio Velasco, diseñador
Antonio Velasco, diseñador FOTO: Gonzalo Pérez Mata La Razón

No obstante, Antonio, pese a definirse dentro de una estética camp y teatral, está abierto a colaborar en distintos escenarios muy variopintos, desde espectáculos, bodas o vestuario para eventos y galas especiales. «Yo me adapto a los gustos y a la ocasión, pero si ya has llamado a la puerta es porque te gusta mi marca y mi estética. No hago vestidos básicos y normales, siempre tienen algo que son la causa por la que los clientes vienen. Dentro de mi universo, diría que ofrezco un abanico muy amplio. Me gusta cuando hay una persona que llega y te dice lo que le apetece con una idea previa y también aquellos que les encanta lo que ofrecemos. Hay gente que incluso llega y pide un vestido y no sabe ni para qué, simplemente porque le gusta la marca».

Apostar por moda sostenible

Por otro lado, no olvidamos que estamos en Madrid y es temporada alta para los eventos e inauguraciones. Cabe preguntarse si Antonio forma parte de ese elenco de diseñadores que visten a influencers y cada vez son más visibles en las redes sociales. Sin embargo, él está alejado de ese mundo y sus objetivos se dirigen hacia otros caminos: «Las ocasiones en las que hemos trabajado con influencers han sido porque nos han hecho encargos remunerados. Rara vez hacemos colaboraciones, y cuando se hacen es porque básicamente me apetece y son perfiles muy seleccionados. Nuestra producción la hacemos de manera artesanal en nuestro taller de Malasaña y esto no nos permite regalar prendas a influencers. Quiero que la persona que tenga mis prendas se sienta bien con ellas y las aprecie de verdad, no simplemente por el mero hecho de subir un post por el que te han pagado para decir lo maravillosa que es esa prenda. No es creíble para mi marca ni entiendo que sea creíble para mis seguidores y clientes que sí que valoran mi trabajo y el de mi equipo», sostiene.

En cuanto al mercado de la marca, Antonio deja claro que no está hecha para venta masiva: «Ahora las nuevas piezas son ‘prêt-à-porter’ (listo para llevar), y se harán bajo pedido. Yo no tengo un almacenamiento de ropa, sino que cuando entra un pedido de una prenda y de una talla, se fabrica y se manda. Todo se confecciona aquí. No somos una marca que permita que una influencer utilice una prenda y posteriormente se puedan vender 300 más de golpe, no es ese tipo de mercado, es algo muy personalizado. Lo importante es que los clientes se identifiquen y sientan cómodos».