España no necesita responsables le basta con señalar culpables. Si nos vuelven a llamar a las urnas cada uno tiene ya el suyo para votar contra alguien que es lo que mueve al personal. Así que las últimas horas y las próximas van a ser de declaraciones a borbotones para tratar de señalar al otro y convencer al votante. Si repasamos el verano encontramos una cuota de responsabilidad a la que cada lector puede poner porcentaje. Rivera hasta esta caída del caballo, que algún día tendrá que explicar la verdadera motivación, había montado su estrategia sobre el no a Sánchez y el desgaste al PP.

Estos meses de inacción han servido para eliminar a dos de las voces más necesarias en el debate público como Toni Roldán y Francisco de la Torre. Si es una pérdida para el ágora general mucho más para un partido sobre todo ante lo que está por venir. Ese vacío naranja solo lo han suplido los tuits de Marcos de Quinto. La última propuesta, carta incluida, es simplemente una fórmula para devolverle al PP aquello de «España suma», que vendieron los populares, y vengar la primera toma del duelo de portavoces que se llevó Cayetana. Casado se ha instalado en ser líder de la oposición y todo lo demás le resbala mitad por pereza y la otra mitad porque ventilar el grupo parlamentario no le va tan mal. El detalle de mandar a su jefe de gabinete a recibir a Rivera y a su equipo el lunes por la tarde es definitivo.

Por ahí sabía Sánchez que no iba a encontrar abstención, pero dejaba una válvula de escape a su vicepresidenta que ha demostrado que como en tiempos de De la Vega y Santamaría son el mejor cortafuegos para un presidente. Por la izquierda, socialistas y comunistas han vuelto a ser fieles a su historia. Pablo Iglesias, que llegó a inmolarse un rato, podrá proclamar que vació de conejos su chistera pero sabe que no se presentó en el andén el día que los suyos tenían que haber cogido el tren hacia Moncloa. Nos queda Sánchez. Siempre ha querido gobernar solo. Estuvo hasta dispuesto a hacer suyo a algún simpatizante de Podemos pero en este punto ya ha decidido que hay que ir a votar.

Ha aprovechado para disponer de todos los elementos del Estado para el refuerzo estético de su figura y para construir en el poderoso imaginario colectivo que la única figura presidencial y por tanto presidenciable es la suya... y quedan algunos días para que todo esto termine con algún escándalo.