Opinión

Lo que me importa

Cuando muere alguien famoso (como Kobe Bryant, ex jugador de la NBA), muchos se dan cuenta de que, algún día, la muerte nos alcanza a todos. La asunción de esta realidad debería conllevar el reflexionar acerca de qué nos hace felices, revisar las prioridades vitales y, sobre todo, decidir qué es prescindible. Desconocemos la fecha del vuelo final, pero no ignoramos que nuestro tiempo en la tierra es limitado. Cuando alguien se queja de «algo», le pido que lo examine a la luz de la «relatividad» que da el asumir que todo, bueno y malo, pasa y que la salud y el amor son lo único que de verdad cuenta, ya que, sin ellos, no hay donde cobijarse cuando caen chuzos de punta (un fijo en la quiniela de la vida). Cuando no establecemos nuestras prioridades, viajamos sin rumbo y malgastamos ese bien que no puede pedirse prestado ni almacenarse, el tiempo de vida. Ignorar principios y valores, despreciar nuestras necesidades psicológicas y emocionales significa que no somos importantes para nosotros mismos. A pesar de que el dinero no da la felicidad, solo es algo práctico, muchos son los que lo anteponen a padres, hijos y demás «valores». Cuando los pierden, se lamentan de no haberles dedicado tiempo y atención. En verdad, para quien no tuvieron tiempo es para sí mismos. Vivir como un zombie psicológico pasa factura. Si no quiere pagarla ni desperdiciar la oportunidad de vivir, despierte. No espere a que la enfermedad tome el mando. Asuma que nadie vivirá su vida por usted, la única persona sin la cual no puede vivir.