No me canso

Reyes Monforte

Algunos ya están cansados. Es normal. Quizá convendría cambiar la perspectiva para transformar el relato, y pensar en lo que no nos cansa. Probemos; cada uno con su lista particular: no me canso de tomar café y moverlo con una rama de canela. No me canso de llorar con la misma película por muy controlada que tenga la escena. No me canso del sol, de nadar en el mar, de disfrutar de la playa y pasear por la ciudad. No me canso de escuchar los mismos chistes que me hacen reír como si fuera la primera ver que los escucho. No me canso de abrazar. No me canso de comer palmeras de chocolate. No me canso de Dostoievski ni de «Momo». No me canso de hablar por WhatsApp con mi amigo Joe que espera en Las Vegas a que la ciudad vuelva a llenarse de luz. No me canso de ver «Qué bello es vivir». No me canso de Florencia. No me canso de ver despegar aviones y llegar trenes. No me canso de leer los mensajes que un día fueron y ahora lo son más. No me canso del olor de los libros. No me canso de ver fotografías antiguas. No me canso de escuchar el «Nessun Dorma». No me canso de caminar por Taormina. No me canso de encender velas con aroma a gingerbread… No me canso porque me gusta, me da vida, me reconforta. Por eso, no me canso de esperar a que todo pase, porque hay que esperar y no precipitarse aunque estemos cansados. Si nos cansamos de esperar, el cansancio será crónico y eso sí nos cansará.