“¿Podrá pactar Sánchez con Iglesias?”

La única incógnita es si podrá lograr algo del PP. Lo dudo

La Razón

El gobierno social-comunista parece la casa de los líos. A estas alturas y con lo que está cayendo, el palacio de La Moncloa y las dependencias ministeriales se han convertido en «13, Rue del Percebe» y no tengo ya tan claro que Sánchez no haya recuperado su antiguo estado preelectoral cuando no podía dormir si Iglesias se sentaba en el consejo de ministros. Es una verdad universal que reúne varias figuras en una persona.

Es lo que más se asemeja a una «santísima trinidad» en versión humana. Lo dejó muy claro Carmen Calvo y no lo voy a poner en duda. Hace mucho tiempo que tengo muy claro que es el personaje más resistente de la política española, pero, además, le acompaña la suerte y cuenta con una indudable capacidad como estratega. El peor error es menospreciarlo, porque es muy listo.

Es cierto que en el centro derecha político y social no le reconocen ningún mérito, y así les va, aunque es evidente que los tiene porque en caso contrario no hubiera conseguido la presidencia del gobierno. Como me gusta recordar irónicamente, al que llamaban el «okupa» se ha convertido en el «inquilino de pleno derecho» de La Moncloa. Ahora tiene que afrontar el problema de aprobar unos Presupuestos Generales.

Por ello, el «gobierno Frankenstein» tiene que dar paso a un engendro parlamentario donde consiga apoyos sin cabrear a Iglesias que necesita marcar territorio y está en modo Calimero. No es una ecuación fácil de resolver. Estamos ante el juego de los vetos. PP y Cs no quieren saber nada de Podemos y sus planteamientos mientras que éstos aplican el mismo criterio. Lo más sorprendente de todo es que dejan el terreno libre para que Sánchez se sitúe, pase lo que pase, en el centro.

Todo parece indicar que tendrá el voto de los sumisos diputados de Cs que han asumido gozosos el papel de muleta gubernamental. Por supuesto, harán ver que lo ponen difícil. En el caso del PNV, al igual que sucedía con el PP, en cuestiones presupuestarias es un voto cautivo porque basta con sacar la chequera y Sánchez es tan hábil como generoso por lo que se limitará a pagar una factura que asumiremos todos.

El lío del independentismo catalán es más complejo y dependerá del horizonte electoral. Finalmente, las bravuconadas de Podemos son mucho ruido y pocas nueces. La única incógnita es si podrá lograr algo del PP. Lo dudo.