Menem y otros ultraliberales

Tras la caída del Muro de Berlín, la izquierda inventó un fabuloso relato, según el cual lo malo de la crisis del socialismo real no era el socialismo sino su opuesto

FOTO: Daniel Muzio AP

Leí en “El País” este titular: “Muere el expresidente Menem, icono de la Argentina del ultraliberalismo”.

No hubo tal cosa como ese pretendido ultraliberalismo. Tras la caída del Muro de Berlín, la izquierda inventó un fabuloso relato, según el cual lo malo de la crisis del socialismo real no era el socialismo sino su opuesto. Se trataba de hacer creer que el mundo no había dado un gran paso hacia la libertad, sino que retrocedía, porque los malos no eran los comunistas sino Margaret Thatcher, Ronald Reagan y Juan Pablo II. No debíamos celebrar la caída del Muro sino alarmarnos ante las terribles amenazas del capitalismo, púdicamente redenominado globalización, consenso de Washington, desastre ecológico, desigualdad y, claro que sí, neoliberalismo o ultraliberalismo.

En esos años, los gobernantes percibieron que había que hacer algo, y cambiaron algunas líneas de política económica. Pero llamar “ultraliberalismo” a lo que hicieron es ignorar la realidad. Ciertamente privatizaron empresas públicas, y abrieron las economías, pero al mismo tiempo aumentaron los impuestos, el gasto público y la deuda pública. Esto sucedió en prácticamente todo el mundo, aunque, claro, no cabe esperar que “El País” califique a Felipe González de “ultraliberal”, aunque estaba haciendo algo parecido a lo que hacían Menem y muchos otros en esos años.

La diferencia estriba en un problema que tenía la Argentina, y todavía tiene: la inflación. Para combatirla, Menem estableció la llamada “convertibilidad”, que duró una década, estabilizó la economía y fue clave en la notable prosperidad registrada durante sus gobiernos. Si esa dinámica no pudo sostenerse no fue por el liberalismo sino por lo contrario del liberalismo, porque Menem insistió en una política fiscal expansiva, incompatible con el mantenimiento de un tipo de cambio fijo.

Además de la economía, y de la corrupción, el antiliberalismo de Menem resultó diáfano en su apego al poder y su desprecio hacia sus límites (tengo una anécdota reveladora en «The Values of Free Enterprise versus the New Populism in Latin America» (https://bit.ly/3aodP6P).

Menem dañó al liberalismo, porque fue un populista. Como me apunta un antiguo compañero de estudios en Buenos aires, dado su “carácter camaleónico, el populismo termina desprestigiando las ideologías que elige simular en cada ocasión”.

Cabe reconocer, por fin, que si el liberalismo de Menem fue exiguo y contradictorio, aún más lo fue el de los deplorables peronistas que lo sucedieron