La fuerza del independentismo

Junts ha encontrado su hueco en el radicalismo y se ha dado cuenta de que desgastar a ERC puede ser sencillo

Tomás Gómez

Algunos comentaristas se han precipitado en aventurar una caída del independentismo al ver que hubo medio millón de personas menos en la Diada que en ediciones anteriores.

Hay que tener especial cuidado con los análisis cuando se toca el tema de la cuestión catalana, porque las cosas no son siempre lo que parecen. De hecho, una lectura más en profundidad obliga a considerar varios elementos.

La pandemia sigue siendo una barrera para congregar concentraciones multitudinarias y, mucho más, cuando los indultos han desinflado el motivo que a muchos independentistas les movía para salir a las calles.

Por otra parte, el objetivo de alcanzar en el corto plazo la secesión se ha enfriado. Esto ha provocado un enfrentamiento entre negociadores y los que creen que el dialogo es una traición a la causa.

En esa clave hay que interpretar los gritos con que increparon a Aragonés. Junts ha encontrado su hueco en el radicalismo con un sector de votantes que no apoyarían a la CUP pero tampoco a los republicanos y, desde ahí, se ha dado cuenta que desgastar a ERC puede ser sencillo.

Sin embargo, toda esta maleza no debe impedirnos ver el bosque. La Diada no es un termómetro adecuado porque es falso que el independentismo esté flojo, muy al contrario, sigue movilizando de manera persistente y se ha convertido en una enfermedad crónica que debilita España.

El asunto de la ampliación del aeropuerto de El Prat es uno más de los que van a surgir durante los próximos meses. Aragonés ha generado una discrepancia entre Podemos y el PSOE, pero sobre todo, ha agudizado la crisis anunciando la participación de ERC en la manifestación contra la ampliación del aeropuerto.

El presidente del Gobierno mantendrá una posición más dura en tanto necesite mejorar las expectativas en los sondeos, pero Aragonés y Junqueras tienen la llave de La Moncloa porque el pecado original del socialista es el bloque de investidura que le ha dado el gobierno, que les hizo poderosos.

Si Sánchez quiere prolongar la legislatura, deberá aprobar los Presupuestos Generales del Estado y los independentistas sacarán su trozo del botín. El equipo de Pedro Sánchez ya ha empezado a trabajar en eso, incluso ha entrado en carga el olvidado Salvador Illa pero, desde Esquerra Republicana de Catalunya, la posibilidad de votar a favor del PSOE en el Congreso de los Diputados se ve como un futurible de pocas posibilidades.

Además, queda todavía por despejar la duda de como evolucionará la pugna interna entre los separatistas. Es de esperar que, a medida que existan nuevas tensiones con el Estado, agiten a sus seguidores y, en la medida que la estrategia sea negociar, los anestesien.

Junts quiere recuperar el liderazgo independentista y, para ello, no necesita soluciones sino más problemas que desgastarán a la cara visible del Govern. Sánchez dio la orden de dar perfil bajo al tema catalán, pero todo indica que va a tener difícil controlar una estrategia así.

Los independentistas le llevaron a la Moncloa pero, no es descartable, que también consigan lo que no parece que pueda hacer la oposición del Partido Popular: sacarle de allí.