Naturaleza

Los abrazos de Ndakasi

Solo quedan mil ejemplares de gorilas de montaña

Tenía algo especial. Su forma de posar en las fotografías la hicieron mundialmente conocida. Su vida, como la de la mayoría de los gorilas de montaña africanos, ha estado marcada por la violencia.

En 2007, los guardas forestales del Parque Nacional Virunga, en la República Democrática del Congo (RDC) hallaron a la pequeña Ndakasi abrazada al cuerpo sin vida de su madre, que acababa de ser abatida a tiros por milicianos locales.

Virunga comprende unos 7.800 km cuadrados de sabanas en la frontera Este de la RDC. Cobija a un tercio de los apenas mil ejemplares de gorilas de montaña que quedan en el mundo. Es una zona boscosa, muy rica en minerales, maderas y animales exóticos. Por ello está constantemente asediada por todo tipo de milicias, cazadores furtivos y taladores ilegales de árboles. Por desgracia, el parque de Virunga suele liderar todos los ránkings anuales de asesinatos de activistas del medioambiente y guardabosques de todo el planeta. Proteger a la fauna y flora de esta zona es una profesión de riesgo: en los últimos 25 años han perdido la vida más de 200 valientes guardas forestales.

Fue uno de estos trabajadores, Andre Bauma, quien cuidó de Ndakasi tras quedarse huérfana. Sólo tenía dos meses y en el Parque Nacional recuerdan cómo Bauma la consoló y pasó esa complicada primera noche abrazándola. En 2009, Ndasaki fue trasladada al Centro Senkwekwe de Virunga, donde convivía junto a otros gorilas huérfanos demasiado vulnerables para poder salir adelante por su cuenta en ese hábitat. Para Bauma, gerente de este orfanato, «fue un privilegio apoyar y cuidar a una criatura tan cariñosa». «Fue su naturaleza dulce y la inteligencia de Ndakasi lo que me ayudó a comprender la conexión entre los humanos y los grandes simios y por qué deberíamos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para protegerlos». Ndakasi murió a los 14 años, tras una larga enfermedad. «Se podría decir que se asemejó a su madre, Nyiransekuye, cuyo nombre significa “alguien feliz de dar la bienvenida a los demás”», ha reconocido Bauma, que acompañó a Ngakasi hasta que murió en sus brazos el pasado 26 de septiembre.