La guerra de las sanciones

Las reuniones y giras no servirán de nada, al igual que las sanciones, porque se ha llegado tarde

FOTO: Chema Moya EFE

Los líderes de las democracias están todo el día reunidos. Se han apuntado a la moda de hacer giras europeas, incluido el primer ministro canadiense o los altos cargos estadounidenses, y encuentros multilaterales o bilaterales. Hay que dar la imagen de gran preocupación por la tragedia ucraniana. Biden viajará a Bruselas la próxima semana para participar en las cumbres de la UE y la OTAN. Todos los países han anunciado un importante incremento del presupuesto de defensa. Esta escalada armamentista tiene un precedente histórico conocido como la Paz Armada antes de la Primera Guerra Mundial. Es habitual utilizar la máxima latina «si vis pacem, para bellum» (si quieres la paz, prepara la guerra) que deriva de un texto del escritor romano Vegencio, aunque utilizando la fórmula imperativa y no la condicionada original. Los gastos militares nunca son superfluos, salvo para los pacifistas que viven en un mundo happy flower. La URSS y sus países satélites contemplaron siempre con enorme simpatía estos movimientos, para minar a sus odiadas democracias. Es bueno recordar que promovieron y financiaron a muchos grupos para desprestigiar a la OTAN y a Estados Unidos, se infiltraron en el mundo intelectual y adoctrinaron a numerosos periodistas.

La realidad es que no sirven las palabras frente a las dictaduras, sino el miedo ante las consecuencias de una agresión. Las reuniones y giras no servirán de nada, al igual que las sanciones, porque se ha llegado tarde. Los ucranianos están sufriendo, desgraciadamente, las consecuencias de las políticas frívolas e inconsistentes de Estados Unidos, la UE y la OTAN. En su día no se tendría que haber dado esperanzas a Ucrania, salvo que se hubiera querido llegar hasta el final. Es decir, aceptar su incorporación a esos organismos supranacionales y dotarla de medios de defensa militar que fueran realmente disuasorios frente al agresivo imperialismo ruso. La cantidad de declaraciones y ruedas de prensa de los dirigentes de las democracias, destinadas a acallara sus conciencias, es una auténtica vergüenza. Estamos asistiendo a la diáspora de millones de ucranianos que tienen que abandonar su patria para sobrevivir. Nadie se preparó para la guerra y ahora nadie tendrá la paz, porque tendremos que asumir la ignominia de haber abandonado a Ucrania. No basta con acoger a los refugiados.