Protestas

Yo para ser feliz quiero un camión

Estaba muy mal que la Policía redujera a los perroflautas que querían rodear el Congreso pero, por favor, a los camioneros, a los camioneros un buen palo en el lomo, hombre

La única que podría hacer frente a los camioneros en huelga es Irene Montero, vigilando las cabinas a ver dónde encuentra los almanaques de tías en pelotas para sancionarlos por machistas. En los talleres de coches casi no queda ninguno pero los camioneros, como son de nacimiento de extrema derecha, seguro que mantienen la tradición de dormirse con dos melones apuntando al sueño, ya no los de Norma Duval, pero sí los de Rosalía que los oculta con sus uñas, desnuda total, en la portada de su último disco, «Motomami», que los pone como una moto, papi.

La izquierda creyó que la calle sería suya para siempre, si bien las aceras fueron franquistas cuando tocó, comunista según soplaba el aire y ahora está hasta las esquinas de tanto indocumentado que trata a los compañeros de la carretera como si fueran ganado, bueno, no, si fueran ganado los tratarían mejor porque han de cumplirse las reglas del bienestar animal. O sea, paz y música zen para las vacas pero caña a los camioneros, más fuerte, heavy, hasta que estallen los neumáticos. Que estaba muy mal que la Policía redujera a los perroflautas que querían rodear el Congreso pero, por favor, a los camioneros, a los camioneros un buen palo en el lomo, hombre. En el imaginario del «baby boom», por muchos años que hayan pasado, «Los camioneros» era la serie de Mario Camus que protagonizaba Sancho Gracia. Año 74. Hombres de bien que solo desean su pan, su hembra y la fiesta en paz, que cantaban los de Jarcha. A ver quién se atreve a ponerle peros a los seguidores de Perlita de Huelva, «atención, amigo conductor, la senda es peligrosa, que te esperan tu madre y esposa para darte cariño y amor». Uf. Cuesta escribir letras fachas, aunque fue el inicio de las campañas de la DGT.

La calle ya no es solo propiedad de la izquierda que ansía asustar a los burgueses, porque cada vez queda menos barrio de Salamanca en España y, por primera vez en muchos años, hay mentes que se atreven a confrontar sus ideas sin complejos con las de una izquierda parda y sobrepasada por un mundo que cambia y para el que solo tiene respuestas antiigualitarias porque es imposible contentar a la vez al género fluido y a la tía Mercedes sin que una de las dos partes no se sienta apartada, menospreciada o ridícula.

Siéntense y negocien. Siempre he criticado a los piquetes rojos, y pienso lo mismo ahora aunque tengan otro color, si es que lo tienen. Para ser felices solo quieren un camión que gane pasta.