OTAN

Reformulando la disuasión

Tras meditar sobre lo que está pasando en Ucrania, deberíamos aplicar lo aprendido a prevenir un choque con China

Ángel Tafala

La disuasión ha sido, hasta este momento, un concepto útil y potente en el campo de la estrategia militar. Para que una nación logre disuadir eficazmente a un potencial adversario tiene que contar con una capacidad para infringirle un daño considerable, haber demostrado que tiene voluntad para emplearla si llega la ocasión y haber hecho públicas unas líneas rojas, que de ser traspasadas, desencadenarían esa temible posibilidad. Estos tres condicionantes para disuadir alcanzaron su máxima expresión con la adquisición del arma nuclear, inicialmente por los EEUU, a continuación por la URSS, luego por los tres miembros restantes del Consejo de Seguridad de las NU y finalmente por otras cuatro naciones que se sentían gravemente amenazadas en su existencia. Durante la Guerra Fría, e incluso después, la disuasión nuclear ha logrado mantener la paz, o al menos ha evitado el choque directo entre naciones nuclearmente armadas. Todo esto, hasta el día en que al presidente Putin se le ocurrió invadir Ucrania. A partir de aquí, tenemos que revisar todo lo que dábamos por cierto.

La disuasión solo ha funcionado parcialmente en Ucrania. Es verdad que tanto el presidente Biden como la OTAN han declarado que no enviarán tropas a combatir a los rusos en suelo ucraniano. Putin tampoco ha mostrado una voluntad de atacar territorio aliado pese a que a través de ciertas naciones OTAN se esté apoyando logísticamente al ejército ucraniano. Tampoco parecen desencadenantes el apoyo en Inteligencia aliado y las escaramuzas cibernéticas. Así que a primera vista, la invasión rusa pudiera parecer como una de otras tantas guerras anteriores donde dos potencias nucleares se enfrentaban en territorio de un tercero pero sin llegar al choque directo. Pero Ucrania es diferente por dos razones. En primer lugar hay una percepción occidental de que si a Putin no se le detiene aquí, seguirá desestabilizando militarmente a las naciones que en su día estuvieron en la zona de influencia soviética, pero que hoy forman parte de nuestro esquema de defensa colectiva que no es otro que la OTAN. Que si ganan los rusos no estamos evitando el choque, solo aplazándolo. La segunda razón es, que el apoyo militar occidental a Ucrania –en armamento e Inteligencia– unido a las graves sanciones financieras y comerciales, es de tal calibre que tendrá unas consecuencias nunca experimentadas anteriormente. Por todo esto pudiéramos establecer que, aunque las líneas rojas doctrinales de no atacar el territorio adversario han funcionado de momento, estamos entrando rápidamente en un terreno desconocido. El apoyo militar y económico que tanto los EEUU como la UE están prestando a la invadida y martirizada Ucrania tendrá un fuerte impacto sobre el concepto de disuasión. Disuasión, que aun funcionando formalmente, no ha evitado que estemos en conflicto con Rusia. Es más, conforme la administración Biden va comprobando que el ejército, el pueblo ucraniano y su presidente resisten e incluso contraatacan más allá de las expectativas iniciales, el armamento con que se le está apoyando crece en capacidad y sofisticación. En el inicio de las hostilidades solo se les enviaba munición ligera y armamento de origen soviético que los ucranianos sabían manejar o bien podían aprender rápidamente; esto se basaba en la hipótesis de que la guerra iba a ser de corta duración. Pero ahora se les empieza a apoyar con artillería pesada y drones de largo alcance con misiles. Estos medios tienen una capacidad potencial para actuar sobre territorio ruso con lo que, las líneas rojas que hasta ahora han funcionado podrían difuminarse por más que a Ucrania se le obligue a firmar preventivamente documentos de limitación.

El Sr. Putin solo abandonará su criminal intento en Ucrania bajo la presión de las gravísimas sanciones económicas que europeos y americanos estamos empezando a aplicar aun a costa de nuestro propio bienestar. Pero a estas sanciones hay que darle tiempo para que sean efectivas y lo que está consiguiendo el heroico pueblo ucraniano al luchar por su independencia, es que podamos llegar a ese momento.

En la inminente cumbre OTAN de Madrid se va a aprobar un Concepto Estratégico con voluntad de iluminar nuestras futuras acciones colectivas durante al menos, un periodo de diez años. Este nuevo Concepto debería reformular la disuasión nuclear e incorporar la económica que está demostrando todo su potencial. Para esto último, la Alianza –que no tiene capacidad económica propia– deberá contar con el fundamental apoyo de la UE. En el campo militar clásico habría también que reflexionar porqué en Ucrania no ha funcionado la disuasión en el sentido de evitar un choque directo como el que –casi– estamos experimentando. Y que tras meditar sobre lo que está pasando en Ucrania, deberíamos aplicar lo aprendido a prevenir un choque con China que se presenta como la próxima asignatura pendiente. Hay que actualizar urgentemente el concepto de disuasión. La nuclear y la económica.

Ángel Tafalla es Académico correspondiente de la Real de Ciencias Morales y Políticas y Almirante (r).