Suelos

Parece lógico esperar que, conforme se desinfle la extrema izquierda, baje asimismo el número de votos para Vox

FOTO: Cristina Bejarano La Razón

El futuro de la derecha conservadora dura que representa Vox podría ser similar al auge y/o caída de su homóloga contrincante, la izquierda dura, o podemista. Ambos partidos surgieron de los extremos de sus respectivas corrientes ideológicas cuando el bipartidismo, corrompido, quebró al ser incapaz de solventar los problemas de un Estado de bienestar que se viene abajo, cual casa vieja a la que no se le hacen las necesarias reparaciones. De la izquierda salió Podemos, pronto aliado del Partido Comunista. Por la derecha aparecieron Ciudadanos y Vox, corrientes liberal y conservadora que se alejaron del PP. Así que parece lógico esperar que, conforme se desinfle la extrema izquierda, baje asimismo el número de votos para Vox. Un cierto bipartidismo asimétrico, más desigual por la izquierda, puede regresar una vez el votante haya comprobado que los extremos tampoco solucionan los problemas prácticos que enfrentamos en un mundo voluble y complicado, en que la globalización ha introducido un número incontrolable de variables independientes. Acusan a Vox de xenófobo, sin embargo la derecha radical independentista (probadamente segregacionista, por hechos y por escritos) no tiene esa mala fama pues ha sabido vincular su causa a la modernidad…, ¡aún siendo una corriente decimonónica! Mientras, la derecha nacionalista española se ha ligado al franquismo, asumiendo la calificación –otorgada por la izquierda–, de «retrógrada». Vox, y sus homólogos europeos en «the far right», acarrean ese lastre: no han conquistado el calificativo de «modernos». Tradicionalmente, los políticos españoles de derecha han despreciado intervenir en la cultura, que es la que marca las tendencias, la innovación, y por tanto la modernidad. Han desertado de la cultura quizás por temor, complejos, ignorancia... Entretanto, la izquierda lleva ya unos siglos utilizando la cultura (incluida la educación) como herramienta de propaganda política, cuando no como arma… En fin, pronto veremos cuál es el suelo electoral de Vox y Podemos. Y, atención, porque aunque creíamos que el suelo se podía tocar –también electoralmente hablando–, al contrario que el cielo, hemos descubierto que el suelo puede ser tan peligrosamente profundo como el cielo.