De golpes y golpistas

Cualquier demócrata debería oponerse a ambos golpes: tanto el uno como el otro pretendían subvertir el resultado de las elecciones y, al menos en el caso de Perú y probablemente en el de Brasil, acabar con la separación de poderes

FOTO: Bruna Prado AP

En apenas un mes, Iberoamérica ha vivido dos intentos de golpe de estado. Uno en Perú, a manos del ex presidente Pedro Castillo; y otro en Brasil, a manos de una turba de bolsonaristas con posibles vínculos entre los militares.

En principio, cualquier demócrata debería oponerse a ambos golpes: tanto el uno como el otro pretendían subvertir el resultado de las elecciones y, al menos en el caso de Perú y probablemente en el de Brasil, acabar con la separación de poderes. Sin embargo, se ha dado la (¿sorprendente?) circunstancia de que muchos entre la izquierda no sólo no han condenado sino que han justificado el golpe de Castillo, y muchos entre la derecha no han condenado sino que han justificado el golpe de la turba bolsonarista.

De hecho, basta con analizar las reacciones de los partidos políticos. Por un lado, Vox, desde Foro Madrid, ha publicado una carta en la que –afortunadamente– condena el asalto al Congreso brasileño pero en la que dedican muchísimo más espacio sus (acertadas) críticas a la hipocresía de la izquierda que a la propia condena: como si trataran de salvar la papeleta de cara a la opinión pública pero diluyendo toda crítica entre los ataques a la izquierda.

Por otro lado, y mucho peor que en el caso de Vox, Podemos ha terminado hermanándose con el golpista Castillo. Esto fue lo que le escribió recientemente Pablo Iglesias a Pedro Castillo no sólo a título personal, sino también en nombre de Podemos: «[Le transmito] mi solidaridad en estos momentos difíciles. Las luchas de nuestros pueblos son las que construyen el bienestar para las mayorías y sabemos en España y en Perú que desde los espacios de poder, las élites y las alianzas internacionales que buscan sostener esos privilegios para unos pocos, existe una articulación poderosa que parece invencible. Pero sabemos también que es el pueblo, cuando se levanta, el que es capaz de plantear un horizonte de futuro alternativo donde la democracia sea realmente de todos y todas y no sólo para las oligarquías. Perú hoy está siendo un ejemplo de ello». Vamos, que casi parece que el golpe de Estado lo haya dado el resto de la clase política peruana y que Pedro Castillo, el golpista Pedro Castillo, sea en realidad un héroe.

Queda claro que muchos de los que se llenan la boca hablando de democracia en verdad sólo están buscando convertirse en autócratas.