Julián Cabrera

«English only»

La Razón
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Apuntaba hace unos meses el Director de la Real Academia Española en un encuentro con «la Razón de...» que el cambio de apreciación del idioma español en los Estados Unidos es ya tan evidente como que ha dejado de ser una lengua de inmigrantes y ahora ya es reconocido en toda su relevancia social y política. Probablemente ni Darío Villanueva ni ninguno de los presentes en su intervención en la sede de este periódico podíamos imaginar que tan solo unos meses después, una de las primeras medidas de la Administración norteamericana tras la toma de posesión del nuevo presidente iba a ser algo tan lamentable como la retirada del castellano nada menos que de la web de la Casa Blanca.

Siendo cierto también que la llegada de Trump a la presidencia de los EEUU era por aquel entonces un supuesto bastante improbable, hoy algunas promesas electorales del empresario inquilino de la Casa Blanca se nos plantan de cara y con toda crudeza, «si te quieres integrar tienes que hablar inglés, este es un país donde hablamos inglés, no español» es lo textualmente apuntado por Trump en un debate televisivo cuando aún se fajaba con otros candidatos republicanos a la nominación.

La decisión, esperemos que temporal, del Ejecutivo estadounidense viene a avisar sobre lo que puede ser una filosofía de acoso, aunque difícil derribo, al primer vehículo de comunicación y marchamo cultural de 52 millones de ciudadanos, que en su inmensa mayoría fían su idioma para el futuro de sus hijos y nietos, máxime en un país cuya constitución hay que recordar que no declara a ninguna lengua como oficial. El español en los Estados Unidos dejó ya hace mucho tiempo de estar vinculado a la inmigración, a la pobreza o al exilio de las guerras y su fuerza imparable se hace notar de manera creciente en el ámbito electoral, político, cultural, musical y deportivo. Es algo vivo y en constante crecimiento, así de sencillo.

He de reconocer por otra parte que me encuentro entre quienes defienden un mínimo margen de confianza para cualquier recién llegado al gobierno tras vencer legítimamente en unas elecciones y más allá tengo la convicción de que la llegada de un personaje manifiestamente mejorable a la Casa Blanca tiene también mucho que ver con errores cometidos en la era Obama, pero esta «declaración de intenciones» nada simpática hacia el idioma español reflejada en ese «disculpe, la página que busca no puede encontrarse» –escrito, claro está en inglés– va mucho más allá de las alharacas contra el vecino mexicano y enciende algunas alarmas. Trump está en su perfecto derecho de no tener un solo hispano en su gabinete, algo excepcional en los últimos 30 años, pero recuperar aquel «English Only» que se puso de moda y que se disolvió como un azucarillo a finales de los noventa evidencia el desconocimiento de que ni siquiera el populismo le puede poner puertas al campo de la lengua. Vendrán otros gestos y medidas no tardando mucho para demostrar, a quienes les caben dudas, que Trump no es «uno de los nuestros».