Carlos Rodríguez Braun

«Jangmadang», o menos

La Razón
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Me enteré gracias a Javi Gómez que esta palabra: «Jangmadang», en Corea del Norte define el mercado negro, aunque tolerado. Lo notable es que esa palabra es el mercado, es decir, tienen una palabra para definir el mercado negro, pero no tienen ninguna para definir el mercado propiamente dicho.

Esto parece absurdo, pero en el fondo tiene cierta lógica. El socialismo es lo contrario al mercado, porque el socialismo es lo contrario de la libertad, dado que parte de la base de la superioridad de lo colectivo sobre lo individual. En cambio, el mercado es sinónimo de la libertad y de las instituciones de la libertad, en particular la propiedad privada y su consecuencia: los contratos voluntarios.

De ahí que no sea en absoluto casual que los países sin mercado sean países sin libertad. Todos los países comunistas han sido dictaduras, más o menos genocidas, más o menos criminales, con más o menos presos políticos, con más o menos campos de concentración, pero todos han sido dictaduras. Todos. No creerá usted que es por casualidad, ¿verdad que no?

Pues claro que no. Al avasallar el capitalismo y las empresas, al quebrantar la propiedad y los contratos, el socialismo inevitablemente tiende a la tiranía, tanto más cuando más socialista sea.

Del mismo modo que socialismo es igual a dictadura en lo político, es igual a pobreza en lo económico. Todos los países comunistas han empobrecido a sus súbditos, incluso cuando los comunistas han tomado el poder en países ricos, como era Cuba en 1959. Comunismo es igual a pobreza, siempre, en todos los países, todos los tiempos, todos los lugares, todas las culturas. No creerá usted que es por casualidad, ¿verdad que no?

Pues claro que no. Al socavar las instituciones de la libertad, el socialismo genera siempre miseria económica porque bloquea los incentivos de las personas y los orienta básicamente hacia la supervivencia o la depredación.

El paso del tiempo, y la constatación de sus catastróficos resultados, pueden dar lugar a que los propios comunistas abran la mano y violen algo menos la propiedad y los contratos: de inmediato, la consecuencia es la mayor prosperidad. El que esta prosperidad pueda evolucionar al mismo tiempo que el comunismo mantiene la dictadura política está por ver. Pero, de momento, y volviendo al principio, no resulta del todo absurdo que los norcoreanos no tengan una palabra para designar el mercado libre. Lo que no existe, no se nombra.

Igual caemos en la tentación de creernos el polo opuesto al «jangmadan». Después de todo, en los países democráticos hay mercados libres, y por tanto hay libertades civiles y políticas.

Tengo malas noticias. No estoy diciendo que dé lo mismo vivir en Barcelona o Madrid que en Pionyang o La Habana. Pero revise usted los impuestos, las prohibiciones, los controles, las multas, etc., y concluirá que «jangmadan» no, pero tampoco lo contrario ¿verdad que no?