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A Venezuela se le acaba el tiempo

Tiempo de lectura 4 min.

29 de junio de 2019. 21:41h

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29/6/2019

Hoy se cumplen dos meses de aquel 30 de abril en el que el mundo entero contuvo la respiración ante lo que parecía que iba a ser el principio del fin definitivo del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Las cadenas de televisión y los principales diarios internacionales retransmitieron en directo una asonada militar que, finalmente, no llegó a levantamiento y que dejó al país sumido, una vez más, en la frustración y la rabia. En la entrevista que publica hoy LA RAZÓN, el presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, asegura que aquella «Operación Libertad» fallida fue muy productiva, y no solo porque lograra la liberación del líder opositor Leopoldo López, actualmente refugiado en la Embajada de España en Caracas. También porque, según Guaidó, quedó en evidencia el «incontrovertible descontento de las Fuerzas Armadas» y se demostró que existe una salida para todos aquellos que aún trabajan para el régimen bolivariano pero quieren pasarse al lado de los defensores de la Constitución.

Acaban de cumplirse cinco meses desde que Guaidó fuera nombrado presidente encargado del país por la Asamblea Nacional legítima y, aunque se han logrado avances, lo cierto es que los venezolanos ya no tienen mucho tiempo. La energía y las fuerzas de una ciudadanía desnutrida y maltratada se van apagando y el movimiento liderado por López y Guaidó corre un serio riesgo de perder el apoyo de la calle, más por desencanto y agotamiento que por falta de convicción. Se puede afirmar que Venezuela lleva dos años instalada en una trinchera que han abandonado más de cuatro millones de personas con destino sobre todo a los países fronterizos, Brasil y Colombia, pero también a Europa. España tiene actualmente una población expatriada de cerca de 100.000 venezolanos. El año pasado, 20.000 de estos migrantes solicitaron protección internacional en nuestro país frente a los 58 que pidieron asilo en 2011.

El panorama para los que deciden o no tienen más remedio que quedarse es desolador. No solo por la falta de perspectivas u horizonte; es que el presente, el día a día, está centrado en la pura supervivencia. La mortalidad infantil se ha disparado, los hospitales no están abastecidos y la vida de los enfermos crónicos que dependen de la medicación es una auténtica pesadilla. Los cortes de electricidad y la falta de productos básicos de la cesta de la compra junto a la represión política acaban por configurar una realidad que ha de despertar la conciencia de la comunidad internacional porque la solución para el agonizante país caribeño debía haber llegado hace meses.

Conviene recordar que a Juan Guaidó lo hemos reconocido un total de 54 países, incluidos la UE y EE UU, que fue el primero en dar un paso al frente. Al otro lado, los sospechosos habituales: China, Rusia, Cuba y Bolivia. La fuerza diplomática de este medio centenar largo de potencias occidentales debe resonar con mucho más eco. Tanto en el apoyo a Guaidó como en la crítica al caudillo bolivariano y las sanciones a otros Estados sátrapas que lo sostienen, es el caso cubano. Los venezolanos son víctimas de una dictadura con todas las letras y la comunidad internacional no debe contentarse con declaraciones retóricas. Deben presionar más y mejor. No podemos olvidar, tal y como asegura el presidente encargado en nuestras páginas, que el régimen de Maduro «se mueve en la delgada línea entre un Estado fallido y un Estado patrocinador del terrorismo», con el enorme riesgo que eso comporta para la seguridad de todos.

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