España

Garantía de futuro

La prosperidad de las naciones no depende tanto de las personas que las dirigen como de las instituciones que las estructuran y gobiernan. La estabilidad institucional y la integridad de sus servidores son la principal garantía de progreso y de continuidad. Los españoles tenemos la fortuna de contar con una Monarquía parlamentaria que, encarnada hoy en la persona de Don Juan Carlos, nos ha procurado la etapa histórica más fructífera y desarrollada de los últimos siglos. Ciertamente, el éxito es de todo el pueblo español, de sus gentes y comunidades, también de sus gobernantes, pero el camino habría sido mucho más incierto y costoso sin la solidez y solvencia de la Corona, a la que la ciudadanía ha refrendado plenamente por su dedicación al servicio de todos. Si la institución monárquica se ha hecho consustancial a la sociedad democrática española es por su utilidad, su eficacia y su contribución al bien común. No hay duda de que la personalidad carismática de Don Juan Carlos ha contribuido a ello de manera esencial, pero lo que transmite confianza en el futuro es la fiabilidad de la institución, su diligencia para desempeñar las funciones que le ha asignado la Constitución y su capacidad para conectar con el sentir general. Desde esta perspectiva, hay que valorar la creciente actividad del Príncipe de Asturias, que el miércoles cumple 45 años. El Rey se preocupó extraordinariamente de que, desde muy temprana edad, recibiera una sólida formación técnica, humanística y espiritual, y de que mantuviera una intensa agenda internacional, ya que el mejor y más fiel embajador de España siempre será su Rey. Pero también le inculcó la necesidad de la cercanía, de que visitara sin descanso las distintas comunidades de la nación, que descendiera a la calle, que oyera a sus gentes sin intermediarios... El resultado no ha podido ser más satisfactorio y no es casual que Don Felipe, además de ser reconocido como el príncipe heredero mejor formado, concite año tras año el apoyo mayoritario de la opinión pública. Según la encuesta que hoy publicamos, el 80,3% de los españoles está convencido de que representará dignamente a España cuando sea Rey; el 77,2% considera que está preparado para suceder a su padre; el 75,3% tiene buena imagen de él e, incluso, es muy mayoritaria (67,8%) la opinión favorable a su elección matrimonial. Son datos, además de contundentes, muy reconfortantes en medio de una situación social y laboral dura y amarga, con seis millones de trabajadores buscando empleo y una ciudadanía agobiada por la caída de su poder adquisitivo. Que se mantenga la confianza en la institución que sirve a la Jefatura del Estado es una garantía de futuro; si además el nombre propio de ese futuro es Don Felipe, es una razón añadida y poderosa para mantener la esperanza.