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La mayoría de Mas no existe

Tiempo de lectura 2 min.

19 de enero de 2015. 03:25h

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19/1/2015

El «proceso» soberanista catalán ha construido una terminología política que no deja de ser un cúmulo de sucedáneos con escaso contenido real. Sobran los ejemplos: se habla de crear «estructuras de Estado» para referirse a una declaración de independencia, de «derecho a decidir» en vez de derecho de autodeterminación, de «proceso participativo» cuando se quiere encubrir un referéndum ilegal y lo que serían unas elecciones autonómicas son ahora unas elecciones plebiscitarias con las que se declararía la ruptura con el resto de España. Por citar una última aportación: Mas ha anunciado un adelanto electoral con nada más y nada menos que ocho meses de antelación, cuando lo normal es no sobrepasar los tres, lo que viene a ser el anuncio de una campaña electoral permanente. Que nadie se lleve a engaño. La puesta en escena de este anuncio no fue casual y explica mucho de ese sucedáneo permanente en el que vive la política catalana: Mas apareció escoltado por tres organizaciones sin representación parlamentaria y sólo relevantes por su capacidad de movilización. La realidad, sin embargo, es otra bien distinta. Con el anuncio de nuevos comicios para el 27 de septiembre, el presidente de la Generalitat se asegura la aprobación de los presupuestos y retardar dentro de lo posible la victoria de ERC e intenta evitar la debacle de CiU. Lo que todas las encuestas indican, y viene a confirmar la de NC Report que hoy publicamos, es que hay un empate técnico entre las dos formaciones, que el partido central de los últimos treinta años en Cataluña pierde la hegemonía (21,5%) y que los independentistas confesos de ERC (21,7%), espoleados precisamente por Mas, pueden arrebatarle el poder o hacer aún más ingobernable el «proceso». A pesar de este cambio en la correlación de fuerzas se confirma un estancamiento del voto de los partidos que abiertamente se declaran a favor de la independencia (sin sumar aquellos que siguen jugando con el eufemismo de «derecho a decidir»). Por otra parte, el balance que Mas puede ofrecer anticiparía un rotundo fracaso de su aventura: en apenas dos años CiU puede perder 9,2 puntos y 16 escaños y en cuatro, desde que en 2010 convocó elecciones anticipadas para conseguir la mayoría absoluta, 28 diputados. Es en este contexto donde hay que situar los últimos movimientos de Artur Mas, con los que pretende ganar tiempo e intentar presentarse como fuerza moderada en la que, de nuevo, confluyan los independentistas con los que simplemente quieren más autogobierno. El mapa político catalán se altera en el campo nacionalista y desaparece el catalanismo integrador, pero también con la irrupción de fuerzas como Podemos, que conseguiría 14 escaños –y, por lo menos sobre el papel, es contraria al soberanismo– y la consolidación de Ciutadans como tercer partido y 16 diputados. Es decir, Cataluña ahonda su división en dos mitades.

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