Los trabajos y los días

Navajeos

"La faca no es un arma, es una cultura. Una lúcida metáfora de lo que somos"

Dice Borja Sémper, por eso de las reuniones con Sánchez, que vivimos en la política del navajeo, sin caer en la cuenta de que este país siempre ha sido mucho de tirar de filos. Aquí, Borja, colega, la faca no es un arma, es una cultura. Una lúcida metáfora de lo que somos. El estoque, más que una ilegalidad, es una civilización. La manifestación exterior de un carácter echado al monte, de muchas independencias interiores y de muy mal uncir. Ya lo advirtió un general francés a Napoleón tras aquello de Bailén: este es un pueblo peligroso no por ser valiente, sino porque por su alma todavía no ha pasado ninguna política.

La cheira, la jandró, como la nombran los que manejan los verbos de Luis Candelas y otros algarrobos, lo que arroja no es el retrato inmediato del delincuente común, la ficha ocasional de un robo de menudeo, sino el esbozo anatómico sobre el que nos hemos alzado como pueblo histórico. Una lúcida imagen de esa tendencia a acuchillarnos entre nosotros, que rubricamos con brillantez en el 36, y que da cuenta de la clase de fenotipo humano que encarnamos.

Esto de andar con apuñalamientos, no es algo de la política, Borja, hombre. Ha contado con una ilustre tradición en la literatura y en el periodismo, donde el ego se amortaja siempre con adjetivos. Principió en Celtiberia, cuando dimos boleto a Viriato por cuatro chavos, y de ahí hemos encadenado chinazos hasta los ilustres de Sierra Morena, el jiferazo entre legendario y mítico de Manuela Malasaña, los majos repasando barbas gabachas que inmortalizó Goya, y esos Vaquillas tan «underground» que nos enseñó el cine quinqui y que uno conoció de nano cuando reinaban en Olavide un imperio de motos robadas.

En esta tierra se ha recurrido a las albaceteñas porque nos ha faltado aristocracia que ayudara a emplearnos con el veneno (nuestra jet no ha pasado de ser puro «Prêt-à-porter»). Hoy los jóvenes andan más alejados de hierros toledanos y lo que hacen es matarse en botellones, en lugar de un cruce de navajas, lo que mejora bastante las calles. Aunque ahora, Borja, prenda, donde hay que andarse con cuidado y tentando muchos santos es en tus predios, como el Congreso.