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Cómo ir en patinete y no quedarse ciego

Usarlo sin protección ocular puede causar desde una conjuntivitis, una abrasión de córnea, hemorragia intraocular o hasta pérdida de la visión

Estos aparatos son vehículos que cada vez tienen más usuarios, sobre todo en las ciudades.
Estos aparatos son vehículos que cada vez tienen más usuarios, sobre todo en las ciudades.

Las velocidades a las que se mueven los patinetes eléctricos pueden tener graves consecuencias para los ojos de los conductores, si no se usa ningún tipo de protección ocular como las gafas, a causa del impacto de cuerpos extraños.

Estos aparatos son vehículos que cada vez tienen más usuarios, sobre todo en las ciudades. Hablamos de máquinas que pueden circular a velocidades que van desde los 12 km/h a modelos que superan con facilidad los 80 km/h. Aunque algunas fuentes apuntan a la posibilidad de que la Dirección General de Tráfico está preparando una normativa que limitará a 25 km/h la velocidad máxima de estos vehículos en la ciudad, se mantiene el peligro para la vista de los conductores si no se protegen los ojos.

Sin protección, los cuerpos extraños impactan contra el ojo (córnea y conjuntiva). Estas agresiones pueden ser superficiales o bien que el cuerpo extraño termine penetrando dentro del órgano y provoque una herida intraocular. En el primer caso, no acostumbra a haber consecuencias importantes. El segundo caso sí es potencialmente peligroso.

Las secuelas pueden ir desde una irritación, a una conjuntivitis, una abrasión de córnea, hemorragia intraocular o una pérdida de visión, entre otras. A todo esto, hay que añadir el riesgo que supone caer e impactar contra el suelo, una situación que puede ser habitual a las velocidades a las que se mueven los patinetes eléctricos.

Además, el impacto de un objeto contra a cierta velocidad provoca una reacción de cerrar el ojo y rascarnos la zona, un comportamiento que puede desembocar en accidente ocular. Por eso una protección completa, casco y gafas, también ayudaría a prevenir posibles impactos en los ojos como consecuencia que un vehículo situado por delante pueda proyectar pequeños objetos o partículas.