Salud

La kombucha es un fraude: ni cura la resaca ni adelgaza

El ‘elixir milenario’ puede presentar altas concentraciones de bacterias peligrosas como la Salmonella, el Staphylococcus y la Helicobacter pylori si no se prepara adecuadamente

La reina Letizia es una amante de la vida sana. Es evidente. No hay postura de yoga Iyengar que se le resista ni mañana que no se calce sus zapatillas de deporte. Incluso se rumorea que cuenta con un profesor particular de zumba para sus sesiones más "intense". Como buena yogui y mejor "influencer", desde que llegó a Zarzuela en 2004, intenta mantener una equilibrada alimentación. Quizá, por ello, tiene su propio huerto en los jardines de palacio, donde cultiva parte de la "real food" que come a diario. Sólo toma alimentos "eco". Entre ellos, la kombucha. Este té ancestral de la cultura china es el probiótico de moda. Lo probó por primera vez en el restaurante Mamá Campo y, desde entonces, lo pide por encargo. A pesar de su condición de milenario, no ha sido hasta ahora cuando ha trascendido del estatus de "hipster" y se ha convertido en la bebida favorita de los obsesionados por lo "healthy". Tanto es así que restaurantes de todo el mundo ya lo están incorporando a sus respectivas cartas, justo al mismo nivel que las cervezas artesanales. "Me devuelve la vida", ha dicho Lady Gaga en alguna ocasión. Aunque la realidad ha demostrado todo lo contrario.

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Esta infusión fermentada tiene su origen en Asia. Se elabora a partir de té verde y azúcar, a los que se añaden varios tipos de hongos y bacterias conocidos como "scoby". Durante su proceso de elaboración, esta colonia crece formando una sustancia de aspecto gelatinoso en la superficie que se retira, con posterioridad, para su consumo. El resultado es una bebida refrescante, de sabor ligeramente avinagrado y que puede contener trocitos de fruta. "En los últimos años, su ingesta no ha parado de aumentar porque se ha vendido como un alimento funcional, es decir, que proporciona beneficios a la salud de los consumidores al margen de su aporte nutricional", explica Humberto Martín, profesor de Microbiología en la Universidad Complutense de Madrid. Los alimentos fermentados constituyen una fuente de bacterias vivas que contribuyen al equilibrio de la flora intestinal, lo que podría derivarse en efectos beneficiosos en el metabolismo, el sistema inmune o en el aparato digestivo. De hecho, antiguamente, este líquido era considerado un elexir de salud. Y, hoy, su consumo en los países occidentales se ha puesto de moda por las propiedades antiinflamatorias y antioxidantes que se le atribuían entonces. "Hay una creencia muy extendida de que promueve la salud", añade. Pero las evidencias científicas que la avalan brillan por su ausencia.

Sus defensores lo venden casi como la panacea: mejora la memoria, alivia el síndrome premenstrual, ayuda frente al reuma, combate la pérdida de apetito, reduce la hipertensión, elimina los constipados, refuerza el sistema inmunológico, tiene poder anticancerígeno y, entre otras cosas, fortalece el cabello. "Actualmente, no disponemos de ningún estudio que indique que puede tener efectos positivos en algún aspecto de la salud humana", subraya Katherine García, médico especialista en Nutrición de la Sociedad Española de Endrocrinología y Nutrición. Una reciente investigación publicada en la revista "Nutrients" avala esta afirmación: no existen ensayos clínicos aleatorizados que estudien sus beneficios a nivel de modificación de la flora intestinal. Lo mismo que la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sí es cierto que, en investigaciones realizadas con ratones y pollos, se han localizado ciertos resultados favorables para tratar la hipercolesterolemia derivados de la actividad de algunas sustancias producidas por las levaduras. También se ha demostrado, en cerdos y patos, su efecto inhibidor sobre el crecimiento de la bacteria que provoca la diarrea del cólera. Pero en ningún caso pueden extrapolarse ambas conclusiones a los seres humanos. Por lo que, por el momento, no se pueden elaborar recomendaciones firmes que garanticen la ingesta regular y segura de este producto.

Uno de los grandes mitos que rodean a la kombucha reside en su capacidad para acabar con la resaca. ¿Realmente lo consigue? "No, en absoluto. Algunos de los microorganismos pueden producir vitamina B12, pero pensar que bebiendo este líquido se va a aliviar este malestar es un error", recalca Susana Domínguez, doctora en Nutrición Pediátrica de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). La cantidad resultante es tan pequeña que su posible efecto resultaría insignificante. Tampoco queda claro que sea rica en ácido glucurónico, una sustancia que ayuda al buen funcionamiento del hígado. Así como no es real que contenga glucosamina ni ácido hialurónico. "Resulta cierto que aporta pocas calorías y que contiene poco alcohol, pero lo que realmente sirve para adelgazar es cambiar de forma definitiva los hábitos alimentarios y el estilo de vida", insiste Domínguez. Esto es así porque contiene azúcar. No toda se consume durante la fermentación. La cantidad remanente de la misma varía en función del tiempo de fermentación, por lo que constituye una bebida que no se debe tomar si sufre algún tipo de diabetes. Además, al igual que ocurre con el kéfir o el chucrut, tiene que ingerirse en cantidades moderadas y controladas ya que puede provocar episodios de flatulencias y diarrea.

Se dice que, en el siglo V a. C. un médico japonés curó los problemas estomacales del emperador nipón Inkoyo gracias a este té. La fascinación por lo que llega de Oriente lo ha convertido en todo un éxito, no hay duda. Aunque sus efectos negativos pasen desapercibidos: si se elabora en casa, puede resultar altamente tóxico. "Puede llegar a ser peligrosa para las personas con el sistema inmunitario alterado o deprimido. Hay algunos análisis que demuestran la posibilidad de que aparezcan problemas agudos intestinales y hépaticos en enfermos de VIH y hepatitis tras su consumo repetido", enfatiza María Dolors Muns, nutricionista del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital del Mar de Barcelona. El motivo es que, al ser un organismo vivo, puede recibir durante su fermentación numerosas contaminaciones de bacterias y hongos perjudiciales para la salud. Si no se hace una descomposición elevada en acidez y se bebe el brebaje demasiado pronto, se corre el riesgo de intoxicación. Así, se han detectado con cierta frecuencia en muestras de esta bebida Salmonella, Shigella, Staphylococcus aureos, Helicobacter pylori y varios patógenos más peligrosos. Es decir, que más que una bebida milagrosa, la kombucha elaborada artesanalmente sin experiencia resulta peligrosa. Sin olvidar, que no tiene ningún beneficio probado. Cuidado, Letizia.

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