Infancia y confinamiento

Ex Ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social y embajadora observadora permanente ante la Organización de los Estados Americanos

Coronavirus.- Cs pedirá en el Congreso que Gobierno permita la salida controlada de los niños durante el confinamiento
Un niño observa la calle desde el interior de su casa, en pleno confinamiento por el estado de alarma decretado con motivo de la pandemia de coronavirus. PAULA JUSTO-EUROPA PRESS 17/04/2020 PAULA JUSTO-EUROPA PRESS

Decía el Principito que “las personas mayores nunca pueden comprender algo por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones”.

Está de plena actualidad el debate de que los niños y niñas salgan a la calle, a pesar de que la desescalada del confinamiento aún está lejos. Y me asaltan las dudas de si es lo óptimo comenzar el desescalamiento por los niños y niñas después del esfuerzo colectivo que estamos haciendo en España y sin tener la certeza de cuándo podremos controlar la curva de contagios. Los más pequeños también enferman, y aunque su pronóstico sea mejor que el de los ancianos, supongo que ninguno queremos que se contagien.

He oído numerosos argumentos variopintos… como el símil de que si sacamos a pasear a los perros ¿¡cómo no vamos a sacar a los niños?! Y me parece de lo más desacertado, pues la lógica de las mascotas no es la de los niños y niñas. Nuestros hijos e hijas echan de menos la relación con sus iguales y esto no se soluciona saliendo a la calle unos minutos a pasear junto a un adulto. Salir manteniendo el aislamiento social no me parece que remedie la situación.

Otros dicen que los padres necesitan que salgan, pero eso ya es otro cantar que no tiene que ver con el interés superior del menor. En este caso tendríamos que pensar qué hacer nosotros, los adultos, para que además del estado de alarma no tengan que soportar a unos padres llenos de preocupaciones, hartazgo y frustración.

Los argumentos más serios hablan de la estabilidad psicológica y emocional de los pequeños, y ahí sí presto atención. Los niños y niñas también están preocupados y quizás asustados. Pero este confinamiento no tiene por qué ser necesariamente negativo. Podemos aprovechar las horas de convivencia en casa, en vez de sufrirlas si tenemos la suerte de ser una familia sin dificultades socioeconómicas añadidas, e intentar trasmitir a nuestros hijos e hijas los valores de la empatía, la solidaridad, el respeto, el cuidado del otro, el diálogo y saber dar consuelo, la paciencia, la esperanza y la resiliencia o a participar del sentimiento de pertenencia a la comunidad.

Estamos viviendo una situación excepcional, un desafío en el que todos y todas somos parte de la solución, también los niños y niñas. Y no está de más utilizar este confinamiento para explicitarles nuestro cariño y amor, y por qué no… jugar.