Soledades ante el Covid-19

Aplausos en la puerta principal de la Fundación Jiménez díaz en agradecimiento al personal sanitario durante la epidemia de Covid-19
Aplausos en la puerta principal de la Fundación Jiménez díaz en agradecimiento al personal sanitario durante la epidemia de Covid-19Luis DíazLa Razón

Vivimos inmersos en un mundo en el que siempre se apela a la profesionalidad de cada cual sea cual fuere su dedicación, su trabajo, esfuerzos o inquietudes académicas. La vida científica, médica, paramédica y sanitaria nos ofrece una razón fundamental, el paciente enfermo. Nos preparamos para forjar una personalidad adecuada a nuestro trabajo y a lo que necesitan los demás, pero ¿qué quieren los demás? El paciente enfermo es polivalente, poliédrico, con muchas aristas, sentimientos, sensibilidades y, desde luego, con una psicología que se abre a través de muchos caminos para vivir el mismo padecimiento de distinta manera. No hay enfermedades, sino enfermos. Nos hemos movido en toda la etapa del Covid-19 en un trasiego de verdades no escritas y de padecimientos concretos. La tecnología, que nunca es un fin en sí misma, tampoco nos ayudaba a descifrar mediante métricas, datos o resultados el punto clínico donde podíamos actuar mejor o peor. Se desparramaba la vida delante de los sanitarios sin control para después de muchas horas, días y meses de actividad en el que al final sólo podíamos tener la certeza de la muerte o de que en cualquier momento podía ocurrir lo peor. Tantos años de estudio y de seguimiento del paciente enfermo nos hizo tener una rutina que nos permitía reflexionar con otros compañeros cuál era la mejor solución. Así nos hemos pasado muchos años y posiblemente desde la peste no habíamos dado tantos palos al aire. Ahora le hemos puesto cerco al virus por la observación clínica continuada y la prevención ejercida. Pero nadie, nunca jamás, sabrá el dolor y el padecimiento profundo de los sanitarios ante tan inmensa adversidad. El maldito Covid-19.