La covidificación de la salud

Cáncer, sida y fertilidad son las grandes perjudicadas por el desvío de recursos a la lucha contra la pandemia

Cáncer, sida y fertilidad son las grandes perjudicadas por el desvío de recursos a la lucha contra la pandemia
Cáncer, sida y fertilidad son las grandes perjudicadas por el desvío de recursos a la lucha contra la pandemiaAlberto R. RoldánLa Razon

La Covid-19 no solo mata de Covid. Según fuentes del Grupo Español de Cáncer de Pulmón, esta patología se cobrará en 2020 la friolera de un total de 1.300 vidas más de las previstas. Entre enero y abril de este año, como consecuencia de los confinamientos y la derivación de recursos sanitarios, se realizó un 30% menos de primeras consultas oncológicas que en el mismo periodo del año 2019. Es solo una de las múltiples patologías cuyos datos se han visto seriamente empeorados por culpa de lo que ya muchos llaman la «covidificación» de la atención sanitaria, es decir, el foco casi exclusivo en la pandemia está lastrando el tratamiento, el diagnóstico y la investigación de otras muchas enfermedades.

El término «covidificación» fue utilizado por primera vez por el doctor Madhukar Pai, investigador experto en tuberculosis en la Universidad McGill de Canadá, para describir el impacto distorsionador que ha tenido la pandemia en la financiación, priorización y atención mediática del combate de otras patologías. «Me preocupa que la mayoría de los países, instituciones e inversores hayan caído en la tentación de centrarse solo en la Covid-19 este año», declara el experto.

Abandono

Los datos parecen darle la razón. Desde abril de ese año, la Comisión Europea ha destinado 137 millones de euros a las investigaciones sobre el coronavirus, el doble de lo que se invirtió el 2018 en tuberculosis, malaria y sida juntas. Muchos investigadores han notado en sus propias carnes el abandono.

En un debate organizado por el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, el jefe de Oncología Médica del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, Luis Paz-Ares, lo dejaba claro: «Durante meses, los hospitales nos hemos dedicado casi por completo a esto, hemos tenido que retrasar ensayos clínicos y en algunos momentos se ha disminuido el número de diagnósticos incluso hasta la mitad. Debemos recuperar el terreno perdido».

La Asociación Española contra el Cáncer ha medido cuán grande es ese terreno perdido. Según la institución, este año ha disminuido entre el 20% y el 25% el número de nuevos diagnósticos de cáncer, se ha interrumpido el 36,5% de los tratamientos, se ha cancelado o retrasado el 44% de las intervenciones quirúrgicas, y se ha interrumpido el 17% de los tratamientos de radioterapia. Los datos fueron anunciados esta semana en el webminar «¿Ha desplazado la Covid-19 la atención de otros pacientes?» dentro del ciclo «La mirada Asisa», por el doctor Augusto García Villanueva, codirector de la Cátedra de Oncología Quirúrgica de la Universidad de Alcalá de Henares de Madrid. En sus propias palabras no debemos olvidar que «en el pico de la pandemia, la actividad asistencial se centró casi de manera exclusiva en pacientes Covid-19 y que lo inesperado de la evolución de la misma impidió una planificación mínima de la asistencia oncológica».

La revista «The Lancet» ha publicado un informe que identifica qué impacto puede tener esta desviación de los recursos en los ratios de supervivencia de pacientes oncológicos en Reino Unido. Por primera vez en la historia reciente, los pacientes con cáncer han visto disminuidas sus probabilidades de curación. En concreto, el estudio ha recopilado datos de 32.583 pacientes oncológicos con tumores de mama, colon, esófago y pulmón.

Se ha estimado un aumento de entre el 7% y el 9% de la mortalidad a cinco años por cáncer de mama, un 15% en la de colon, un 5% en la de pulmón y un 6% en la de esófago. El estudio concluye que este «incremento sustancial» en el número de muertes esperables por cáncer a causa de la pandemia aún puede ser corregido con ambiciosas políticas de mitigación.

Más mortalidad

El sida es otra de las enfermedades afectadas por el cambio de paradigma. El comentario editorial de la última edición de «The Lancet» lo deja claro: «La pandemia ha tensado los sistemas de salud de todo el planeta. En las regiones con mayor prevalencia de sida, se están produciendo graves interrupciones en el diagnóstico y tratamiento que podrán conducir a un aumento de la mortalidad por VIH de un 10% en los próximos cinco años».

El HIV Modelling Consortium estimó que en África subsahariana se producirán 296.000 muertes por sida más de lo esperado el año que viene. Unaids, por su parte, ha detectado que la interrupción durante seis meses de los programas de prevención de la transmisión de VIH de madre a hijos puede suponer un aumento de más del 40% de los casos de infección infantil en los países más pobres del planeta.

Aún así, la propia Unaids ha corregido sus previsiones en las últimas semanas con un mensaje esperanzador. La puesta en práctica de medidas novedosas de transporte y distribución de terapias y de asistencia médica a distancia puede permitir que el impacto en la transmisión de la enfermedad y en la mortalidad se atenúe a principios de 2021.

paralización

Otro aspecto relevante que quedó también puesto de manifiesto en las jornadas «La mirada Asisa» celebrada hace unos días es el impacto de la pandemia en los tratamientos de fertilidad asistida en España. En este caso, el estado de alarma decretado el pasado 14 de marzo paralizó toda la actividad en los centros de fertilidad en los que solo se pudo completar los tratamientos ya iniciados. Pero quedó detenida la transferencia embrionaria a nuevas pacientes hasta la reapertura de centros más de un mes después.

Y las consecuencias no se harán esperar, ya que, en palabras de Joaquín Rueda, catedrático de Biología Celular de la Universidad Miguel Hernández de Elche, «se prevé que este año van a nacer en España entre 4.000 y 8.000 niños menos que el año pasado mediante reproducción asistida».

En julio, la revista «Science» publicó una proyección de los efectos de la pandemia en la esperanza de vida y en la natalidad. En las zonas del norte de Italia más afectadas por el coronavirus se espera un descenso de entre 1,1 y 2,5 años en la esperanza de vida en mujeres y de cerca de 3,5 años en la de los hombres. Se trata del mayor impacto en la esperanza de vida en una región desde la gripe de 1918 y la Segunda Guerra Mundial.

La evolución de la natalidad resulta muy diferente en función de la riqueza de un país. Como explica el doctor Rueda, en los países de mayor nivel de vida se han experimentado durante los meses de pandemia tres tendencias muy consolidadas (cambios en la conciliación del trabajo y la familia, descenso de los ingresos familiares e incertidumbre económica y paralización de los procedimientos de fertilidad asistida) que conducen a un descenso neto de la natalidad para el próximo año. Pero en los países más pobres el deterioro en el acceso a medidas anticonceptivas y el cierre de muchos programas de planificación familiar está provocando un aumento ya evidente de la natalidad. «De manera que la gran brecha demográfica entre el mundo rico y el mundo pobre crecerá como consecuencia de la pandemia», asegura Rueda.