La primera niña nacida tras un embarazo conseguido con la ayuda de una prótesis impresa en 3D

Debido a intervenciones previas, la madre no se podía quedar embarazada. La única solución era algo que nunca se había intentado hasta ahora

La doctora Juana Crespo dirigió la intervención
La doctora Juana Crespo dirigió la intervenciónKIKE TABERNERkike taberber

Ha pasado casi un año desde que Marta (nombre ficticio) se presentó en la clínica de la doctora Juana Crespo, en Valencia. Había tenido un carcinoma cervical que provocó que le extirparan el cérvix. A consecuencia de esto se produjo el cierre completo del útero y la posibilidad de embarazo, natural o con técnicas de reproducción asistida, quedaba descartada. O al menos así lo pensaron Marta y Pablo después de visitar diferentes especialistas y realizar siete tratamientos distintos con dos operaciones incluidas.

Todos los antecedentes, propios y de otros pacientes, llevaron a que la pareja creyera que no podían ser padres. «Cuando revisé los antecedentes de la paciente –nos explica en conversación telefónica la doctora Crespo– me di cuenta de que había que hacer algo diferente en este caso. De lo contrario seguiríamos con los mismos resultados anteriores. Debíamos usar la imaginación. Estaba dándole vueltas a mi idea en la consulta frente a la propia paciente y su marido. Les dije que lo tenía claro, pero que no sabía si iba a encontrar a alguien capaz de hacer la prótesis que había ideado, pues resultaba muy complicado encontrar a un ingeniero que entendiera qué era lo que tenía tan claro en mi cabeza».

Acero inoxidable

La única forma de entrar al útero es por el cuello, pero si este está cerrado o no existe, es imposible conseguir un embarazo. Por eso habían fallado los intentos anteriores y no importaba cuántas veces más se repitiera el proceso, el resultado sería el mismo. Pero Pablo tenía una respuesta. «Llevo años trabajando para una empresa de impresión 3D –nos cuenta por teléfono desde el sur de España–. Soy ingeniero y cuando la doctora Crespo nos explicó lo que quería hacer me puse manos a la obra. Salimos de su consulta por la mañana y esa misma tarde le envié los planos de las prótesis que permitirían abrir el cuello del útero de Marta. Me sugirió algunos cambios, hablamos de materiales, nos inclinamos por acero inoxidable y al día siguiente le envié seis modelos distintos ya impresos en ese material».

La dificultad del diseño no sólo residía en las medidas y los perfiles. La prótesis debía conseguir mantener «la puerta» abierta, no generar rechazo y que no fuera una molestia para Marta. También debía tener unas pequeñas muescas que permitieran coserla para que estuviera en su sitio, al menos durante un mes.

El día de la intervención, el equipo de Crespo se decidió por uno de los seis modelos y lo implantó en menos de una hora. «Fue un embarazo perfecto –añade Marta–. No tuve náuseas, mareos y en ningún momento sentí la prótesis. Todo el tiempo estuve controlada, aunque sólo como precaución».

Técnica pionera

A los 30 días aproximadamente de colocar el embrión, el primero y único que fue necesario implantar, a Marta le quitaron la prótesis y el embarazo siguió su curso normalmente. Y a los 8 meses nació la primogénita, por cesárea, para no dañar la zona. Se trata de dos primeras veces en la historia: una primera vez médica y otra paternal.

Si bien la doctora Crespo reconoce que la idea original fue de ella, el mérito se los otorga a Marta y Pablo. En raras ocasiones los hombres tenemos la oportunidad de ir, en nuestra labor de padres (antes del nacimiento) más allá de la fertilización del óvulo. Pero Pablo tuvo una oportunidad única: no habrá llevado a su hija en el vientre, pero sí puede decir que también le ha dado la vida. «No sabíamos si iba a salir bien, destaca Pablo. ¿Hemos hecho historia? Puede ser, pero ahora todo lo que permita ayudar será bienvenido y yo estaré encantado de colaborar. De hecho, me han pedido nuevas piezas para otras intervenciones y estoy emocionado con ello».

Más casos de éxito

El equipo de la doctora Crespo ya ha utilizado las prótesis diseñadas e impresas por Pablo en otros casos, también con éxito y aunque las nuevas madres no saben quién es Pablo, sí saben que él tiene mucho que ver en estos finales felices. «Siempre he sido abanderada de que después del cáncer hay vida y este es un ejemplo –concluye Crespo–. Si bien la cirugía para quitar el tumor le salvó la vida, el precio que se pagó fue la capacidad de quedar embarazada. Si no éramos capaces de crear una solución para esa paciente, no podíamos darle esperanza. Yo llevo trabajando con úteros 35 años, conozco muy bien todas las posibilidades, pero esto era algo completamente nuevo».

Hoy Pablo tiene entre sus brazos a su primera hija y, aunque no saben aún si vendrán más, lo cierto es que sí sabe que está, y estuvo en sus manos, llegar a este momento.