Perder peso sin causa aparente puede indicar un mayor riesgo de desarrollar alzhéimer

El cambio de peso de forma gradual puede predecir la presencia de biomarcadores alterados de esta enfermedad en personas sin alteraciones cognitivas. Los expertos piden tener presente este indicador para un diagnóstico precoz

FOTO: La caixa La Razón

Los casos de demencia y Alzheimer en Europa se estima que se duplicarán en 2050. En la actualidad, unas 800.000 personas sufren hoy alzhéimer en España. Diagnosticar la enfermedad de forma precoz es fundamental. Y uno de los síntomas, tal y como sucede con otras enfermedades, es la pérdida de peso sin justificación aparente, aunque en este caso de forma gradual. Así, un equipo del centro de investigación de la Fundación Pasqual Maragall, el Barcelonaβeta Brain Research Center (BBRC), con el impulso de la Fundación “la Caixa”, ha detectado que las personas con riesgo incrementado de desarrollar alzhéimer muestran una pérdida de peso que podría predecir el deterioro cognitivo de la enfermedad.

“Hemos encontrado que la pérdida de peso puede predecir la presencia de biomarcadores alterados de la enfermedad de Alzheimer, como son la acumulación de las proteínas Tau y Beta-amiloide al cerebro, en personas sin alternaciones cognitivas”, explica el Dr. Oriol Grau, investigador del BBRC y primer autor del estudio publicado en “Alzheimer’s Research & Therapy”.

La acumulación de estas proteínas indica un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer, y empieza a detectarse hasta 20 años antes de la manifestación de los primeros síntomas cognitivos. A pesar de esto, tenerlas no implica necesariamente que se acabe desarrollando demencia.

Para llevar a cabo la investigación, los investigadores analizaron la asociación entre los cambios de peso corporal y los biomarcadores de la enfermedad de Alzheimer en 408 participantes sin alteraciones cognitivas del Estudio Alfa +. Los participantes pasaron por diferentes visitas separadas por un intervalo de cuatro años de media, y realizaron una serie pruebas cognitivas, clínicas y de neuroimagen.

Los resultados del estudio revelan que los participantes con un mayor riesgo de Alzheimer habían perdido una media del 1% de su peso corporal por año, mientras que los participantes con menor riesgo, de media, no habían experimentado pérdida de peso durante el periodo de seguimiento.

Estas diferencias se observaron teniendo en cuenta otras causas potenciales de cambios en el peso corporal, como factores de riesgo cardiovascular o niveles de ansiedad y depresión. Hasta ahora, diferentes estudios epidemiológicos habían mostrado que la pérdida de peso puede producirse una década antes del inicio de la demencia, pero su papel como factor predictivo de la presencia de biomarcadores de la fase preclínica de la enfermedad había sido poco estudiado.

“Una de las hipótesis que se ha desarrollado es que la enfermedad de Alzheimer afectaría directamente a una estructura del cerebro llamada hipotálamo; esta región, a parte de otras funciones, también regula el metabolismo y el gasto energético del cuerpo. En consecuencia, sus alteraciones podrían dar lugar a cambios en el peso corporal”, explica el Dr. Grau.

Ahora bien, por sí misma, la pérdida de peso aislado no es un referente útil para determinar el riesgo de Alzheimer, ya que puede derivar de muchos motivos. Sin embargo, como explica el Dr. Grau, “incorporar un indicador de los cambios de peso corporal en los índices de riesgo que engloban diferentes medidas puede ayudar a predecir qué personas tienen más riesgo de desarrollar deterioro cognitivo asociado a la enfermedad de Alzheimer”.

El estudio abre la puerta a incluir esta medida, juntamente con otros factores de riesgo ya establecidos, para disponer de más herramientas para determinar el riesgo de desarrollar esta enfermedad. “Tener presente este indicador permitiría hacer un seguimiento más estrecho en pacientes con quejas cognitivas que además presentan pérdida de peso, así como facilitar la identificación de personas que podrían beneficiarse de pruebas más específicas o posibles estrategias de prevención”, concluye el autor principal del estudio, que ha contado también con la participación de investigadores del Hospital Clínic de Barcelona, de Roche Diagnostics International, de la University Hospital de Suecia, el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fragilidad y Envejecimiento Saludable (Ciberfes) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina (CIBER-BBN).