Captan la mayor fusión de agujeros negros jamás observada

Hasta ahora se creía que objetos como estos no podían existir

Hay descubrimientos que revolucionan el devenir de la ciencia, causan estrépito, son noticia de resonancia mundial y dejan un dulce sabor de boca porque ayudan a comprender mejor el cosmos, porque responden a preguntas que aguijoneaban nuestras conciencias desde hace siglos o proponen un mundo mejor.

Hay otros descubrimientos que también revolucionan el devenir de la ciencia y son estrepitosa noticia mundial pero que obligan a fruncir el ceño a los expertos y dejan un sabor agridulce porque suponen que quizás tengamos que volver a aprender algunas leyes que dábamos por asentadas. Nos obligan a salir de la zona de confort del conocimiento. Lo que anunciaron ayer los astrónomos encargados de los proyectos LIGO y VIRGO es uno de estos segundos acontecimientos: un mazazo en toda la regla a la comprensión actual de las leyes del cosmos. Básicamente encontraron en el universo algo que no debería existir.

En concreto, se ha detectado la señal de lo que puede ser la fusión entre dos agujeros negros más masiva jamás detectada. En realidad, la señal ayer presentada fue captada en mayo de 2019 y se trata de una emisión procedente del espacio que dura solo una décima de segundo. Se recibió como una perturbación gravitacional levísima en dos detectores de ondas gravitacionales en Italia (VIRGO) y Estados Unidos (LIGO). Como si un mosquito se hubiera posado en un velo de millones de años luz de longitud y el suave vibrar de sus patas pudiera ser captado por dos afinados oídos situados al otro extremo.

Tras más de 12 meses de análisis, los expertos han podido anunciar de dónde procede la señal: es el eco de la fusión de dos agujeros negros que colisionaron hace cerca de 7.000 millones de años.

Este fenómeno por sí solo no es demasiado extraño. Los agujeros negros han colisionado, colisionan y colisionarán entre sí a lo largo de la historia del cosmos. Lo realmente asombroso es el tipo de agujeros negros detectados.Se supone que chocaron dos monstruos de más 85 y 66 veces mayores que la masa del Sol para generar una fusión de casi 150 veces la masa solar.

¿Es demasiado grande? No, en el cosmos hay agujeros negros mucho mayores que ese. ¿Demasiado pequeña, entonces? Tampoco, existen muchas evidencias de agujeros mejores. La sorpresa reside en que nunca se habían encontrado agujeros negros justo en ese rango de tamaño. Conocemos astros masivos de unas pocas decenas de veces más masas que el Sol y gigantes impresionantes de cientos de veces de soles (agujeros supermasivos). Pero no se conocía la existencia de agujeros negros de masa intermedia. Hasta ahora.

De hecho, los agujeros intermedios no deberían existir. Al menos si hacemos caso a la física desde tiempos de Einstein y la relatividad, una estrella que implosiona con masas entre 60 y 120 soles no deja rastro. Es como una detonación cósmica que se diluye en el espacio. El hallazgo cubre el vacío existente entre agujeros negros de masa estelar que se crean cuando una estrella muy grande muere y agujeros negros supermasivos que están en el centro de la galaxia y son producto de sucesos más violentos de formación.