Rastreadores del Ejército: en la trinchera para acorralar al virus

LA RAZÓN acompaña a los primeros militares que socorren a la Sanidad en la segunda ola: «Usted ha dado positivo. ¿Cuáles son sus contactos?»

«Buenas tardes, ¿podría hablar con María? Soy la cabo primero Sonia Bonilla, y actúo como rastreadora en apoyo de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Le voy a hacer una pequeña encuesta que se incluirá en un registro cuya responsabilidad es de la Consejería, ante la que podrá ejercer su derecho a la protección de datos. ¿Puede atenderme un momento? Necesito saber si usted ha tenido síntomas [de la Covid-19] y, si es así, cuándo se iniciaron. ¿Se ha realizado una prueba PCR o ha acudido al médico? A mí me aparece en la base de datos que su PCR ha salido positivo. ¿Lo sabía? Quería confirmar con usted cuáles han sido sus contactos personales más estrechos desde la fecha en la que aparecieron los síntomas...».

La conversación telefónica se desarrolla en un barracón de la Brigada de Infantería Acorazada Guadarrama XII, en la base militar de El Goloso, a las afueras de Madrid. La cabo primero Bonilla es uno de los 10 rastreadores que integran el pelotón de la mañana, cuya actividad se prolonga entre las 9:00 y las 15:00 horas. Durante ese tiempo los miembros del pelotón se dedicarán a obtener información sobre los movimientos y contactos mantenidos en los últimos días por personas que hayan sido previamente diagnosticadas con coronavirus, a partir de los datos suministrados por la Dirección General de Salud Pública de la Comunidad de Madrid, que se actualizan continuamente en una aplicación informática desarrollada por la Consejería de Sanidad.

Es decir, deben averiguar por dónde se ha movido ese paciente infectado, con quién ha estado y quiénes han sido sus contactos más estrechos, para evitar que el virus siga propagándose y contagiando a más personas. A continuación, los rastreadores llaman a cada una de esas personas para informarles de que han estado en contacto estrecho con un positivo en Covid-19, y les preguntan si en los últimos días han experimentado tos seca, fiebre o dificultades para respirar. Todos ellos tienen que observar entonces una cuarentena domiciliaria de 14 días, y en el caso de que alguno haya empezado a desarrollar síntomas se le envía a un centro de atención primaria para iniciar un tratamiento médico.

La Unidad Militar de Emergencias (UME), que ya jugó un papel muy activo durante la primera oleada del coronavirus en primavera, ha sido la primera en desplegar a sus propios rastreadores, en la primera semana de septiembre. El Ejército de Tierra y la Armada se han sumado al dispositivo esta semana, y el lunes lo hará el Ejército del Aire. En total, las Fuerzas Armadas proporcionarán 150 rastreadores a la Comunidad de Madrid, distribuidos en tres turnos de 50 militares cada uno. De esta forma, el Gobierno central atiende la solicitud de ayuda urgente formulada por la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, para disponer de rastreadores militares. El Ministerio de Defensa ha puesto a disposición de las comunidades autónomas hasta 2.000 rastreadores para colaborar en las tareas de detección y contención del virus.

«El trabajo más importante del rastreador consiste en comprobar, en el caso de que el test PCR haya dado positivo, si esa persona está aislada o ha estado en contacto estrecho con más personas. En este caso, debe recabar los datos de esas nuevas personas para llamarlas por teléfono e iniciar de nuevo el proceso de rastreo, y así sucesivamente», explica el comandante Fernando García-Reparaz, al mando del dispositivo de rastreadores desplegado en la Brigada Guadarrama XII. «Todos los rastreadores han sido instruidos en habilidades de comunicación», añade el comandante, «para mostrar comprensión y empatía hacia el ciudadano al que llama, porque es fundamental que éste perciba tranquilidad y confianza en su interlocutor. De hecho, la mayoría de las personas agradecen que alguien les llame y se interese por su situación».

Como norma general, tras confirmar un positivo lo más urgente es trazar su rastro durante los últimos días, es decir, averiguar con qué personas ha estado el infectado a menos de dos metros y sin mascarilla durante al menos 15 minutos dos días antes del inicio de los síntomas. Pero hay casos que presentan una dificultad añadida: cuando la persona contagiada ha podido tener contactos estrechos con decenas de personas, ya sean familiares, amigos, allegados o conocidos. Por ejemplo, un banquete con más de 50 comensales, en el que hay que tratar de conseguir los nombres y los teléfonos de la mayoría de los invitados; o el desplazamiento en un vagón de metro o un autobús llenos de viajeros. «Los casos más complicados se comunican inmediatamente a la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid», puntualiza el comandante García-Reparaz, «especialmente los que afectan al transporte ».

Es viernes y se acerca la hora del relevo para el pelotón de rastreadores más madrugador. Pero la febril actividad que se desarrolla en el barracón de la Brigada Guadarrama XII, no muy lejos de los enormes hangares donde se guardan los carros de combate de esta unidad del Ejército de Tierra, se paraliza repentinamente. «Mi teniente, se ha vuelto a caer el sistema», informa la cabo primero Bonilla al teniente Héctor Sánchez, un jovencísimo oficial que tiene bajo su mando a tres pelotones de rastreadores. «A veces falla la aplicación desarrollada por la Consejería de Sanidad, conocida como sistema Sispal», admite el teniente Sánchez. «En ese caso aprovechamos para tomarnos un pequeño descanso hasta que la aplicación vuelve a estar operativa. Se caiga o no el sistema hay que descansar cada cierto tiempo, porque si no el personal se satura y pierde la concentración», concluye el oficial.

Todos los rastreadores son voluntarios y no perciben ninguna gratificación extraordinaria por su trabajo. Antes de incorporarse a su nuevo y provisional destino, son seleccionados si cumplen unos requisitos: preferiblemente con conocimientos sanitarios, buena capacidad de comunicación y habilidades básicas de ofimática. Posteriormente, y durante una semana, reciben una instrucción intensiva en la que profundizan en el conocimiento del virus y de la enfermedad, los cuadros clínicos, los periodos de incubación, los factores de riesgo, mecanismos de transmisión y medidas de prevención, así como técnicas de interrogatorio, el procedimiento a utilizar para el rastreo de contactos y los aspectos legales de su labor, especialmente los relacionados con el deber de confidencialidad hacia la historia clínica de los pacientes.