«Covid-bullying», el nuevo acoso escolar

Los expertos alertan sobre el peligro de exclusión infantil a causa del coronavirus

Solo llevamos tres semanas de curso y ya hay una nueva forma de acoso que asoma por el horizonte de los colegios españoles. Es el «Covid-bullying», la discriminación a causa del coronavirus que podría hacer mella este año en la población infantil, ya suficientemente estresada por la situación excepcional que vivimos. Así lo alertó ayer Carmen Cabestany, presidenta de la Asociación No al Acoso Escolar (NACE), en la entrega de los primeros Reconocimientos «Dilo todo contra el bullying» organizado por Totto y Gestionando Hijos.

Según esta profesora, el Covid-19 podría convertirse en un «nuevo pretexto» para que se produzca maltrato en los patios de los colegios. Aunque aún no se puede definir como acoso escolar, porque para ello se requiere que la práctica sea «reiterada», ya se empieza a notar en los centros educativos. «Se observa miedo en las aulas, recelo de algún compañero. El bombardeo mediático sobre la Covid-19 hace que aumenten en los niños la preocupación y el temor a enfermar. Se apartan enseguida si alguien tose o estornuda y se alejan de aquellos que han tenido algún caso en la familia», asegura Cabestany en declaraciones a LA RAZÓN.

La obligatoriedad de que los pequeños lleven la mascarilla facilita aún más que se pueda producir esta nueva forma de «bullying», dado que aumenta la sensación de impunidad del acosador. En ocasiones, incluso a los profesores les resulta difícil reconocer a los alumnos, ahora que todos van embozados. Una circunstancia que complica aún más las cosas.

Lo cierto es que la discriminación por motivos de enfermedad no es nueva. Tal y como recuerda Cabestany, en el pasado tanto los niños como los adultos que sufrían enfermedades contagiosas, como la lepra o la tuberculosis, eran rechazados y apartados. Incluso en el entorno escolar, «existía una forma de acoso por exclusión que consistía en estigmatizar a alguien porque “tiene un virus y nos puede contagiar”. Obviamente, el virus era inventado y servía como pretexto para marginar a un compañero».

Este año, la vuelta al cole está siendo más dura que nunca. Después de meses de confinamiento, los niños y adolescentes regresan a un entorno que ha cambiado sustancialmente. Hay nuevas normas, se les impone una distancia que va contra su naturaleza y gozan de mucho menos espacio. Un ambiente hostil que puede convertirse en pesadilla en el caso de ser el «responsable» de que se confine a una clase entera.

Eso fue lo que le sucedió al hijo de Cristina. Con solo nueve años, su positivo por coronavirus obligó a su grupo burbuja a quedarse en casa durante diez días y seguir las clases de forma telemática. Uno de los compañeros culpó al pequeño delante del resto de lo que había sucedido, lo que le generó un gran malestar y tristeza. Su madre se puso en contacto con el centro para alertar de la situación: «Llamé al colegio y les dije que esto no puede suceder más, que tienen que dar alguna charla y fomentar la transparencia». Según explica a este periódico, los niños «lo están pasando muy mal» con esta nueva situación porque «no entienden bien esta falta de libertad». Está en manos de los docentes y el resto de adultos generar un clima propicio y hacer entender a los niños que «no hay culpables, le puede pasar a cualquiera». Que se trata de un problema transitorio «que pasará tarde o temprano».

En esto coincide Carmen Cabestany, para quien, en ocasiones, «las actuaciones inadecuadas o desproporcionadas de los adultos pueden favorecer situaciones de acoso entre los menores». Es el caso que reporta la madre de un niño de diez años en un centro educativo en Sevilla, al que obligan a llevar mascarilla desde que entra hasta que sale del colegio pese a que lo desaconseja un certificado médico: «No le respetan y sólo le dejan respirar cuando en el recreo se puede sentar en un banco retirado del resto de niños. Tiene una profesora que le grita que se suba la mascarilla cuando él se la baja para respirar».

Según esta madre, «en el recreo, al haber tocado a una compañera, su tutor les gritó que por no cumplir las medidas está muriendo mucha gente en los hospitales y él mismo podría contagiarse y morir porque el virus está en sus manos». El niño llega a casa «muy cansado, mareado y con dolor de cabeza».

En nuestro país uno de cada cinco escolares sufre acoso en algún momento y solo el 15% se atreve a confesarlo a padres o profesores. Un drama que, tal y como resume Cabestany, «deja en ellos huellas que se mantienen, en la mayoría de ocasiones, en la edad adulta».