“Pablo Alborán no pudo vivir su sexualidad con naturalidad durante mucho tiempo”

El activista Oriol Pàmies analiza la realidad de la comunidad LGTBQ+ en el Día Internacional para Salir del Armario que se celebra hoy. Él se “desnudó” públicamente para contar cómo fue su experiencia y ahora se ha convertido en una referencia entre el colectivo. “A quien más me costó contárselo fue a mis abuelos”, confiesa

Al otro lado de la frontera sur España, en Marruecos, la homosexualidad se castiga con penas de hasta ocho años de prisión. En muchos otros países como Sudán, Nigeria, Irán o Afganistán se aplica la pena de muerte. En Rusia no hay la más mínima protección legal para este colectivo, son perseguidos y considerados delincuentes, mientras que en Bangladés o Myanmar existen condenas de entre 10 años y la cadena perpetua. En pleno siglo XXI, la orientación sexual sigue siendo un crimen en muchas naciones y en las que no lo es, incluso en aquellas que lo amparan y protegen en su derecho constitucional, continúan produciéndose crímenes de odio contra el colectivo. De hecho, según un informe realizado por el Ministerio del Interior de España, estos delitos aumentaron un 6,8 por ciento en 2019: un total de 1.706 frente a los 1.598 casos en 2018. Por eso, parece más que necesario celebrar el Día Internacional para Salir del Armario, que se festeja hoy en todo el mundo. Conocido como el “Coming Out Day” en Estados Unidos, lleva implantado desde 1988 para tomar conciencia sobre la importancia de reafirmar la sexualidad individual. En un día tan significativo nos citamos con Oriol Pàmies, un activista LGTBQ+ español que se lanzó a contar su experiencia en un libro, “Ahora que ya lo sabes” (Libros Cúpula), en el que detalla cómo vivió su salida del armario.

-¿Por qué se lanzó a contar públicamente su experiencia?

-Mucha gente me escribía pidiéndome consejo por las redes sociales o, simplemente, ayuda y que los escuchara. Siempre buscaba un hueco para contestarles porque sé cómo se siente uno en esos momentos. Por eso, me di cuenta que todos de algún modo u otro pasamos por situaciones similares y pensé que, si mi historia podía ayudar a otros, tenía la obligación de escribirla.

-¿Fue traumática su salida del armario?

-Siento que mi salida fue doble: una para mi familia, conocidos y amigos, y otra al escribir el libro. No fue sencillo, es algo muy íntimo. Me estaba desnudando delante de desconocidos y cuento cosas en el libro que no conté ni a amigos ni familiares. Ambas veces fueron difíciles.

-¿A quién le costó más comunicárselo?

-A mis abuelos. Hace ocho años me fui de España y solo venía en fechas contadas y pensaba que para los pocos días que iba a estar con ellos no quería que el protagonismo girara a mi alrededor por este motivo. Pero cuando decidí dar el paso fue muy emotivo. Ahora me arrepiento de no haberlo hecho antes. Siento que en algún punto dejé de compartir tiempo con ellos para evitar ciertas preguntas. Contarlo fue un gran alivio y, a partir de entonces, traté de recuperar el tiempo perdido.

-¿Cómo se lo contó?

-Bueno, mi abuelo se enteró por un recorte de periódico. Como llevo años dedicándome al activismo LGTBQ+, me entrevistaron en un diario que él siempre lee. Con mi abuela fue una conversación mano a mano en una habitación. Le dije que estaba enamorado de una persona y ella me dijo que no tenía ningún problema, que ella había tenido amigos de la comunidad y que tenía todo su apoyo.

-¿Es más complicado verbalizarlo o esperar la reacción de tu interlocutor?

-A la hora de salir del armario pasamos por momentos dolorosos, difíciles. Y cuando lo hacemos debemos comprender también la reacción de la persona a la que se lo comunicamos, que tampoco lo espera y que pasa por un proceso similar al nuestro. Hay veces que tenemos tantas ganas de vivir la vida a nuestro modo, que lo que deseamos es que nuestro interlocutor haga lo mismo inmediatamente y esa paciencia es algo que debemos trabajar. Es imprescindible dejar espacio para que haya preguntas. Tenemos que ayudar al resto a comprendernos y ayudarles a entenderlo, siempre prevaleciendo el amor y la comprensión.

-¿La normalización pasa por no tener que comunicar que se es homosexual?

-Utópicamente eso sería lo ideal y espero que dentro de pocos años así sea. En España, lejos de entender que la diversidad es algo que celebrar, siguen viéndose delitos de odio, persecución y rechazo social. Todavía existe el sentimiento de culpa por ser diferente y ésta es una lucha que debemos aprender, no debemos sentirnos mal por ser como somos y amar a quien amamos. Siempre digo que si pagamos impuestos como el resto de ciudadanos, también debemos tener los mismos derechos que otro ciudadano. Queda mucho por trabajar en este sentido.

-¿Considera que la salida del armario de Pablo Alborán ayuda a la comunidad LGTBQ+ o supone una traba por obligar a que todo el mundo se vea en la obligación de hacer pública su homosexualidad?

-En un mundo ideal sería tan sencillo como decir éste es mi novio o mi novia y que no sean necesarios comentarios extra. Pero no es así de fácil. En el caso de Pablo Alborán hablamos de una industria muy difícil en la que la homosexualidad no es aceptada, no se permite que los artistas hablen de su orientación sexual o la vivan con total naturalidad. Un amigo artista que trabaja con una importante discográfica no pudo ni si quiera editar su música porque habla de sus amores, su proceso, de la comunidad y no podía tener esa libertad creativa ya que su discográfica no lo permitía. En el contexto de Pablo, entiendo que durante mucho tiempo no pudo vivir su sexualidad con la naturalidad que le hubiera gustado. La industria en la que trabaja no se lo permitía ya que podía influir en la venta de discos, lo cual es una estupidez porque lo que hemos visto ha sido el apoyo incondicional de sus fans. Cuando decidió hacerlo público se encontraba en un punto de su carrera en el que pudo plantar cara a su discográfica. Pero en una industria tan competitiva, da mucho miedo tomar estas decisiones.

-O sea que hay que elegir entre la vida profesional y personal en ciertos casos...

-Él ha tenido un proceso interior para encontrarse a sí mismo, para elegir el momento de dar un paso adelante y presentarse a sus fans tal y como es, sin tener que esconder su realidad. Hemos visto casos similares con Miguel Bosé o Ricky Martin, los cuales han tardado en dar ese paso. Pero ahora sí somos conscientes de que tal vez se abran más caminos y nuevas puertas para que futuros artistas puedan hacerlo sin miedo. Eso sí, es un proceso muy personal. También hay que tener en cuenta que hay referentes históricos de la comunidad sobre los que se ocultó su sexualidad. Tal es el caso de Alejandro Magno, Frida Kahlo y Alan Turing. Hay que enseñar en las escuelas que personas tan importantes forman parte de la comunidad LGTBQ+, para que así los jóvenes no se sientan débiles a la hora de expresar su sexualidad. Es fundamental tener referentes en este sentido.

-¿La juventud actual es más tolerante?

-Llevo muchos años haciendo activismo en varias partes del mundo y en España hace igual o más falta. Hace años fuimos líderes en legislación a favor de la comunidad LQTBQ+, no sé si nos hemos confiado o bajado la guardia, pero hay actitudes de la extrema derecha que han validado ciertos comportamientos y que han hecho aflorar una parte de la población que está en contra de estos derechos y que nos insultan. Además, se ha visto este tipo de actitudes en público muy joven y asusta, parece que involucionamos. Nuestra mejor arma es la educación y desde las instituciones deben fomentar la inclusión y acabar con las ideas homófobas.

-¿Se ha convertido el colectivo LGTBQ+ en un jugoso nicho de mercado?

-Definitivamente. Yo tengo una compañía que se llama Queer Destinations a través de la cual trabajamos con diferentes gobiernos para ayudarles a recibir a la comunidad de la mejor forma. No queremos que se peleen por nosotros por un motivo económico, sino que hagan un ejercicio de preparación para entender cuál es el potencial y nuestras características. Impartimos cursos que conllevan un certificado que garantiza que todos los trabajadores estén preparados para entender el perfil de esta comunidad con tanto potencial económico.

-¿La celebración de cruceros solo para la comunidad LGTBQ+ u hoteles solo para homosexuales no es una especie de gueto del siglo XXI?

-Lo que buscan estas opciones es dar la mejor calidad de servicio a un determinado público. Al igual que hay viajes para, por ejemplo, personas de la tercera edad, también lo hay para el colectivo LGTBQ+. Son espacios seguros y libres de discriminación en el que además también se permiten, si así lo desean, personas heterosexuales.