“No se hicieron PCR a los médicos porque habría habido tantas bajas que hubiera sido insostenible la asistencia sanitaria”

El experto en Bioética Benjamín Herreros analiza lo sucedido en los meses más duros de la crisis sanitaria: “Durante la pandemia ha habido una falta tremenda de liderazgo para resolver problemas éticos”.

Benjamín Herreros, director del Instituto de Ética Clínica Francisco Vallés y profesor de Bioética en la Universidad Complutense de Madrid , donde aparece en la fotografía
Benjamín Herreros, director del Instituto de Ética Clínica Francisco Vallés y profesor de Bioética en la Universidad Complutense de Madrid , donde aparece en la fotografíaCipriano Pastrano DelgadoMadrid

En estos últimos nueve meses, los principios bioéticos se han puesto más que nunca en juego. Las decisiones sanitarias y políticas para enfrentar la pandemia han colocado el foco en los valores intrínsecos de una profesión en cuyas manos depositamos nuestra vida.

En ocasiones, las precipitadas actuaciones han llevado al límite a unos sanitarios desbordados que esquivaron por fuerza mayor los protocolos y avales que en condiciones normales hubieran seguido unos trámites más pausados.

Benjamín Herreros, director del Instituto de Ética Clínica Francisco Vallés y también profesor de Bioética en la Universidad Complutense, analiza con detalle las grietas que se han producido en este aspecto y las que ahora están encima de la mesa sobre la implantación de la vacuna del Sars-Cov-2.

-¿Los principios básicos de la ética médica (Autonomía, Beneficencia, No maleficencia y Justicia) se han cumplido durante esta crisis sanitaria?

-El principio de Justicia aplicado a la Medicina se entiende como la adecuada distribución de recursos sanitarios, el cual se ha visto alterado por diversos motivos. Posiblemente, el más duro y el que más ha atentado contra la salud de los ciudadanos ha sido el de la escasez de recursos en las unidades de cuidados intensivos, ya que algunos no pudieron ingresar en las UCIS cuando en situaciones normales sí lo hubieran hecho. Lo mismo ha ocurrido a la hora de tener que decidir quién se ponía los equipos de protección individual y quién no, o, incluso, a quién se debía hacer primero las PCR cuando eran un bien escaso. Existe una tesis que afirma que no se hizo PCR a todos los sanitarios porque hubiera habido tantas bajas por positivo que habría hecho insostenible la asistencia sanitaria.

-El problema de reparto equitativo también se pone ahora en cuestión a la hora de elegir los grupos sociales que recibirán la vacuna...

-La Justicia sanitaria debería ser equitativa siempre, pero, en este caso, también por la cuestión de falta de recursos. Hay que elegir y sustentar la decisión en principios justos: ¿deben recibir la vacuna los sanitarios porque ellos producirán un beneficio en mucha otra gente? O ¿hay que facilitársela primero a los jóvenes porque tienen más años de vida por delante? ¿Son una prioridad los más vulnerables? Hay mucha discusión al respecto. Las decisiones éticas se toman en función de cada problema de manera diferente. En España, como no ha habido liderazgo político, los centros sanitarios han sido los que han ido tomando las decisiones ellos mismos, a veces, ayudándose de los comités de ética de los hospitales, pero no todos tienen un organismo así. En relación a la vacuna, sí existe una organización y criterios que, al parecer, serán generales para toda España.

Thumbnail

-Entonces, en estos meses, ¿han sido los médicos quienes, en función de sus criterios éticos, han tomado la mayoría de las decisiones a nivel individual?

-En relación a los problemas éticos ha habido una falta de liderazgo tremenda que ha llevado a que los médicos tomen decisiones en base a su criterio personal. No ha habido principios consensuados a nivel de la Administración y si no hay pautas desde arriba, el profesional debe implementarlas en función de sus valores. El médico se ha sentido abandonado y ahora muchos padecen secuelas psicológicas muy importantes porque realizar un triaje no es sencillo. Los criterios para ingresar a pacientes en la UCI se han discutido mucho a nivel bioético y se han propuesto principios utilitarios como la edad. Debe primar siempre el beneficio clínico, es decir, quién tendrá mejor pronostico o presentará mejor calidad de vida. Esas decisiones no son sencillas y menos si se tienen que hacer con celeridad y sin un protocolo unificado. Por eso, antes de aplicar criterios clínicos para seleccionar a pacientes hay que optimizar los recursos todo lo que se pueda.

-¿Ha habido negligencias éticas, por ejemplo, en las residencias de ancianos?

-Aquí también ha pesado la falta de recursos para atenderlos como se debía. La mayoría no están medicalizadas y no contaban con los materiales para tratar a pacientes graves.

- Si nos fijamos en la cancelación de cirugías, consultas o seguimientos de pacientes crónicos, ¿podríamos afirmar que el principio fundamental de no maleficencia, es decir “no hacer daño”, se ha visto vulnerado?

-Durante la pandemia estamos viendo que no solo los enfermos Covid, sino también muchos otros, han padecido sus efectos. La saturación de los hospitales les ha afectado de lleno y hay que reconocer que el principio de la Medicina de “no hacer daño” sí se ha producido, algo que en otras circunstancias hubiera sido evitable. En tiempos de crisis hay veces que los estándares éticos pueden variar en relación a una situación de normalidad. Así ocurrió con los tratamientos experimentales que se aplicaron durante los peores meses de pandemia. En otro contexto hubiera debido de pasar por varios comités, instancias y agencias, pero nos encontrábamos en una coyuntura en la que moría mucha gente y se planteaba la duda de si probar algo que se pensaba que podía funcionar o no hacer nada. Luego se ha comprobado que algunos de esos tratamientos no han sido eficaces y que quienes los han tenido, han sufrido secuelas. Por este motivo, sí se puede decir que pacientes han podido perjudicarse y, por lo tanto, se ha visto afectado el principio de “no hacer daño”.

- ¿Lo mismo ocurre con la vacuna? ¿Existen riesgos a nivel moral?

-Todas las investigaciones han ido más rápido de lo habitual porque la urgencia sanitaria así lo requiere. También el reclutamiento de personas para los ensayos ha sido más ágil, pero esto no quita que cuando se hace un estudio de este tipo, los pacientes son informados de las consecuencias y de su libre participación en la misma.

-En esta situación excepcional, el famoso “dilema del tranvía” imagino que ha sido una constante entre los sanitarios. ¿Cómo se ha resuelto?

-El dilema del tranvía es un ejemplo de la ética utilitarista. Plantea que, si vamos en un tren y no accionamos una palanca, atropellaremos a cinco personas que están en la vía. Si la accionamos, mataremos a una. La visión utilitarista diría que desviarlo es preferible o menos malo. Yo pienso que hay responsabilidad tanto en accionar la palanca como en no hacerlo. Durante la pandemia lo que se ha planteado es el dilema de quién puede beneficiarse de los escasos recursos. La decisión debe ser tomada por los valores en juego y por la consecuencia de la acción.

Herreros, durante la entrevista con LA RAZÓN
Herreros, durante la entrevista con LA RAZÓNCipriano Pastrano DelgadoMadrid

-Ante los confinamientos masivos y los cierres de negocios, ¿dónde se encuentra el equilibrio ético?

-El equilibrio entre el cuidado de la salud y la libertad asociada a la economía es difícil, pero cuando el problema sanitario es grave, resulta necesario darle prioridad, porque la salud no es un valor absoluto, pero sí apreciado por todos. La decisión de confinar está relacionada con la ética porque en ella entran en juego valores humanos y de libertad. En relación a la vacuna, por ejemplo, si la salud se considerara un valor por encima de todo, absoluto, sería obligatorio vacunar a toda la población. Por ejemplo, a lo largo de la historia esto ha ocurrido en varios países cuando los movimientos antivacunas han hecho que bajase la inmunidad de rebaño en la población y, por lo tanto, se ponía en riesgo la salud pública. En el caso de la vacuna actual no parece que vaya a ser así, pero no debe descartarse.

-En este punto, resulta inevitable recuperar el principio de equidad. ¿Por qué no se puede hacer la PCR en el sistema público a toda la población y, mientras tanto, los que tienen más dinero sí pueden hacerse cuantas deseen en laboratorios privados? ¿Podrán costearse los más pudientes la vacuna, aunque no se encuentren entre el sector prioritario de vacunación?

-El Estado deber garantizar la equidad y que los criterios para recibir esos recursos tan escasos sean aplicables a todos. No sería justo ni ético que, si llegan a España, por ejemplo, 100.000 vacunas solo pudieran acceder a ellas los que tengan más dinero. Lo mismo ocurre en las PCR. Eso afectaría a la equidad. De todas formas, ya hay vacunas que no entran en el calendario de vacunación porque son muy caras y quien tiene más recursos pueden pagársela y ponérsela. En este debate también tendrían que incluirse otros aspectos como, por ejemplo, el de la fertilización “in vitro”.

-¿Cómo se llevan la política y la ética?

-Tienen que llevarse bien porque la ética está intrínseca en la toma de decisiones. La cuestión es que la política en todo el mundo se centra más en la gestión del poder en que el manejo de lo público. El poder se convierte en el principal objetivo y eso choca con la ética que busca lo mejor para una sociedad.