Longyearbyen, la ciudad donde morirse está prohibido

No es solo la muerte lo que plantea un dilema para sus residentes, las mujeres embarazadas no pueden dar a luz en la isla, por lo que semanas antes de la fecha de parto tienen que volar a Oslo y permanecer allí hasta que se encuentren en condiciones óptimas para regresar

Ciudad de Longyearbyen, Noruega
Ciudad de Longyearbyen, Noruega La Razón

Si hay algo de lo que no podemos escapar, es la muerte. Las coplas de Jorge Manrique sobre la fugacidad de la vida ya nos avisaban de que la muerte nos acompaña a cada paso que damos y no podemos hacer nada para evitar tan funesto final. Aunque eso no ha hecho que el afán del ser humano por conseguir la vida eterna se desvanezca, según varios rumores, Juan Ponce de León buscaba “la fuente de la eterna juventud” en “La Florida”. Hitler, por su parte, lo intentó a través del Santo Grial y Jeff Bezos, el fundador de Amazon, se alió con las investigaciones de Altos Labs precisamente para intentar encontrar una forma de revertir el envejecimiento. De momento, la muerte es inevitable, aunque existe una pequeña excepción, una pequeña localidad ubicada en Noruega llamada Longyearbyen, conocida por ser la ciudad más al norte del planeta, donde, curiosamente, morirse está prohibido.

Esta medida fue implementada en 1950 por las temperaturas tan bajas a las que se enfrenta el país, que impiden, incluso, que los cadáveres se descompongan. Razón por la cual, si alguien fallece por una enfermedad contagiosa, el virus puede llegar a expandirse. Este pequeño pueblo, que en 2019 contaba con poco más de 2.300 habitantes, es una “bomba de relojería” que puede estallar en cualquier momento, sobre todo en la época en la que vivimos, con la pandemia del coronavirus asolando el mundo. Por eso, cualquier persona que enferme de gravedad en Longyearbyen es trasladado a Oslo, en la capital noruega. Allí tienen únicamente dos opciones: recuperarse o morir. Y aunque las leyes del país si permiten a los familiares de los fallecidos cremar los cuerpos y enterrar o esparcir las cenizas en los alrededores, casi nadie lo hace.

Un virus latente

Longyearbyen es el mayor asentamiento del archipiélago de las islas Svalbard, situadas en el océano Glacial Ártico y pertenecientes a Noruega
Longyearbyen es el mayor asentamiento del archipiélago de las islas Svalbard, situadas en el océano Glacial Ártico y pertenecientes a Noruega La Razón

Otro hecho que reafirmo la curiosa ley, fue el hallazgo por parte de un grupo de investigadores noruegos, en el año 2000. Los científicos exhumaron varios cuerpos enterrados en el cementerio de la localidad para estudiarlos y, al examinarlos, encontraron en ellos cepas vivas de la famosa gripe española de 1918, una de las pandemias más devastadoras de la historia humana. Los habitantes del lugar habían estado viviendo con ella sin darse cuenta durante décadas. Habitada en su mayoría por mineros, la paranoia de que el virus pudiera resurgir se extendió entre los habitantes de la isla hasta tal punto que el gobierno tuvo que realizar una reforma legal con el objetivo de ilegalizar los entierros o ritos funerarios. Por eso, el cementerio está vacío desde 1968.

Pero no es solo la muerte en la isla lo que plantea un dilema para sus residentes: la vida cotidiana allí también puede pasar factura. Las mujeres embarazadas no pueden dar a luz en la isla porque no hay hospital, por lo que semanas antes de la fecha de parto tienen que volar al continente y solo regresan a sus hogares semanas después de que nazcan sus bebés y ellas se encuentren en condiciones óptimas.