La ‘no’ renuncia del Papa: «A esta edad, me río de mí mismo y sigo»

En una semana, Francisco multiplica las declaraciones públicas sobre su buena salud

El papa Francisco a su llegada ayer para la Audiencia semanal, en la plaza de San Pedro, Ciudad del Vaticano.
El papa Francisco a su llegada ayer para la Audiencia semanal, en la plaza de San Pedro, Ciudad del Vaticano. FOTO: ETTORE FERRARI EFE

El papa Francisco está ejerciendo de portavoz de sí mismo frente a los todavía persistentes en torno a una posible renuncia por motivos de salud. Sin necesidad de echar mano de la oficina de prensa de la Santa Sede ni de los medios de comunicación oficiales del Vaticano, el pontífice ha salido en la palestra en menos de una semana con hasta tres entrevistas en las que, no solo ha desmentido los rumores de una dimisión. Primero, a través de una entrevista televisada con la agencia porteña de noticias Télam, después en formato impreso con Reuters para el mundo anglosajón y ahora, con un podcast radiofónico en diálogo con el sacerdote argentino Guillermo Marcó, que fue su portavoz en su etapa como arzobispo de Buenos Aires.

«No la siento la edad, cuando me pongo a pensar que tengo 85 años, lo tuve que pensar ahora cuando no me dejé operar por la anestesia, dije ‘no, eso no’, me parece una cosa no real. A esta edad, yo me río de mí mismo y sigo adelante”, llega a bromear Jorge Mario Bergoglio con el que fue uno de sus curas de confianza en la diócesis argentina.

Su estado de salud fue el punto de partida para que el Papa reivindique la vejez como «algo lindo», pero, sobre todo, para detenerse una vez más en la que es una denuncia constante desde que llegó en 2013 a Roma: la llamada «cultura del descarte a los viejos» que se está acometiendo en una sociedad que ha endiosado la juventud. Francisco denuncia ante Marcó que «hay que desterrar» ese desprecio a los ancianos para promover un diálogo intergeneracional de aprendizaje entre «las raíces» y «la savia fresca».

Prueba de este empeño por proteger a los mayores es la creación el año pasado de la Jornada Mundial de los Abuelos, que fijó el 24 de julio, en el marco de la celebración de la festividad de san Joaquín y santa Ana, los abuelos de Jesucristo.

En su encuentro con Marcó, también echa la vista atrás en su vida anterior al cónclave del que salió elegido, confiesa a su antiguo colaborador que echa de menos su libertad de movimiento: “Allá en Buenos Aires o iba caminando o iba en el bus, etcétera. Acá las dos veces que tuve que salir me agarraron in fraganti. Dos veces, en invierno». El Papa detalla cómo estas escapadas del Vaticano tuvieron lugar en torno a las «siete de la tarde» cuando «no pasa nada y todo está oscuro». «Cuando fui a la óptica una señora desde el balcón gritó: ‘¡El Papa!’ y ahí se acabó», explica con buen humor el pontífice.

Precisamente es esta naturalidad el principal argumento que está esgrimiendo el Papa en sus recientes apariciones en medios para reivindicar que continúa al pie de cañón y en plenas facultades para continuar al frente de su ministerio.

Eso sí, tanto en el caso de sus declaraciones con el Télam como a Reuters no descartó un cese futuro de su actividad. «No lo sabemos. Dios lo dirá», expuso, si bien aclaró que esa circunstancia no la ve probable a corto plazo. O al menos en torno al último fin de semana de agosto, cuando ha citado a todos los purpurados del planeta para aumentar el colegio cardenalicio elector con 16 nuevos miembros y para una sesión extraordinaria sobre la aplicación de la nueva constitución apostólica ‘Praedicate Evangelium’ que regirá la vida de la Curia romana y, por tanto, de toda la Iglesia universal. Para Francisco, las cábalas surgidas en torno a este acontecimiento y la visita de la tumba de Celestino V, el único papa en la historia que renunció junto a Benedicto XVI, son meras «coincidencias»: «Nunca cruzó por mi mente. No por el momento. No por el momento. De verdad».

Entretanto, el pontífice continúa con sus intensas sesiones de rehabilitación de dos horas diarias con el objetivo de evitar una operación que implicaría una prótesis en su maltrecha rodilla derecha, una dolencia provocada por una artritis. De momento ya alterna el uso de la silla de ruedas con una muleta. Estas tres semanas de julio en las que ha rebajado la actividad en su agenda, le permitirán viajar a final de mes a Canadá.